vigo / la voz

El gol gallego ha regresado a Primera División vestido de celeste. En once partidos Iago Aspas va camino de hacer añicos el último registro vigente, que data del curso 82/83 de la mano de Nené Suárez, un vigués que marcó para el Celta siete goles en aquella temporada. El moañés ya suma cinco y en Vallecas firmó el primer doblete en la élite. Curiosamente, los dos se habían destapado como goleadores en el año anterior, en dos equipos ascensores, aunque Suárez había anotado doce goles y Iago se marchó hasta los 23.

Aspas no quiere oír hablar de cifras -«nunca me marco números», repite siempre-, pero ya asume su responsabilidad goleadora. «Nunca había jugado de nueve, me pusieron el año anterior. El primer año con este míster no era un nueve nueve porque no jugábamos con delantero centro, el año pasado ya jugué arriba, este año estoy jugando arriba y ahora mismo la ilusión es hacer goles para que el equipo intente ganar», apunta el moañés.

La irrupción de Iago Aspas en Primera ha sorprendido a casi todos. Por su velocidad, por su calidad y por su capacidad para decidir en cualquier circunstancia. La semana pasada, después de pasar por el Camp Nou Herrera no dudó en decir que cualquier equipo con dinero se lo debería llevar, algo que asumen en el Celta, aunque a cambio de la cláusula de 10 millones de euros. Estos cantos de sirena en absoluto le descentran: «No le doy importancia, solo quiero hacer lo mejor que puedo en cada partido e intentar superarme a mí mismo, yo soy un ganador nato y cada partido que pierdo me voy fastidiado a casa».

En este arranque, ya le ha ganado la partida al mítico Nené Suárez, que a estas alturas de curso en el lejano 1982 acumulaba tres goles (a Español, Betis y Barcelona). Su único doblete aquel curso llegaría un poco más tarde, ante el Las Palmas.

Lo malo, es que el doblete de Iago no sirviese para una tarde de gloria colectiva: «Fue una pena, todo viene a raíz de la expulsión», analizó ayer. En su aterrizaje en la élite, Iago ha aprendido también a regatear ante el micrófono. Si ha moderado su carácter en campo, en la sala de prensa se ha convertido en un maestro del manual. «Los detalles que pasan en los partidos siempre se decantan del otro lado pero ahora no podemos hacer nada», se limitó a decir en vez de montar un incendio que sería habitual no hace mucho.

El producto, quizás el mejor que ha parido A Madroa, está acabado. Ser el máximo goleador gallego en Primera puede ser cuestión de meses.

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Aspas, goleador gallego tras 30 años