El número de operaciones contra el tráfico de drogas sigue creciendo. Las unidades de investigación están desbordadas. Se ven incapacitadas para procesar la enorme cantidad de información que reciben, procedente de notas de los grupos de seguridad ciudadana, de aportaciones anónimas de ciudadanos o tras el hilo de investigaciones relacionadas, directamente con la aprehensión de sustancias, o derivadas de delitos conexos. Los toxicómanos que peregrinan, a diario, por las calles de nuestros barrios en busca de la limosna que les aporte cash suficiente para sanar la adición, son personas enfermas a las que hay que sumar, además de otras patologías derivadas, el desarraigo social que sufren por tan pronunciada adición, lo que acentúa su situación y les sume en un abandono del que pocos quieren ser partícipes y cuyo foco de origen nadie, con potestad legislativa, quiere enfrentar.
Urge actuar con dureza contra los traficantes, cualquiera que sea su rol, desde el adolescente que vende porros en el parque del colegio, hasta el inquilino que reparte cocaína o el propietario que hace del delito contra la salud pública su modo de vida. Señalemos a los traficantes, de pequeña, media o gran escala. Demos la espalda al que consume drogas, al que fomenta el trapicheo o al que ensalza tan maligno vicio. Actuemos con contundencia, sin medias tintas, contra las organizaciones y personas que causan este terrible daño a la sociedad, erosionando miles de familias y acabando con tantas vidas cada año. Legislemos, tal como pide la Fundación Galega Contra o Narcotráfico, a favor de los investigadores, dotemos de medios a los grupos de estupefacientes, Udyco, Greco, Edoa y ECO. Debilitemos el músculo económico de los narcos, facilitemos la intervención de las comunicaciones en delitos de esta índole, preservemos los procedimientos y endurezcamos las penas para las personas condenadas por delitos contra la salud pública. Si no lo hacemos, si no somos conscientes del grave problema que tenemos aquí y ahora, especialmente en nuestra comunidad, quizás mañana nuestros hijos, nietos, hermanos o sobrinos sean presa de las drogas, instalándonos en tiempos pretéritos a los que nos acercamos a pasos agigantados por los complejos y la división del poder legislativo y la polaridad social en un tema de tanta trascendencia.