¿Cómo lloramos a los difuntos sin poder despedirnos de ellos?

Los psicólogos inciden en la realización de rituales de despedida y en no descuidar el autocuidado

Entrada de la morgue del hospital Severo Ochoa de Madrid
Entrada de la morgue del hospital Severo Ochoa de Madrid

redacción / la voz

La pérdida de un ser querido es un proceso complicado en cualquier situación, pero esta crisis y las necesarias precauciones conllevan un plus de dolor ante la imposibilidad de acompañar a esa persona en sus últimas horas y despedirse de ella, como tampoco se recibe el consuelo y cariño de las personas que nos quieren. Ante lo singular del momento, un colectivo de diferentes profesionales -trabajadoras sociales, psicólogas y enfermeras- del Instituto IPIR realizó una guía con recomendaciones. Hay otras muchas, como la de MadridSalud. 

la muerte

Sentimientos y emociones. Es normal sentir tristeza, rabia, culpa, impotencia. Incluso, apuntan, que uno esté confuso y sienta incredulidad, como si no le estuviese ocurriendo.

No estar ahí. Es el dolor más intenso, no haber estado al lado de esa persona, no poder acompañarle ni despedirse. Esto puede repercutir en la salud física y psicológica (taquicardias, palpitaciones, mareo, irritabilidad, disminución del rendimiento...).

 los rituales íntimos

Necesarios. Los rituales son actos simbólicos que nos ayudan a expresar nuestros sentimientos, a poner un poco de orden en nuestro caótico estado emocional y a establecer un orden simbólico para los acontecimientos.

Un altar. Se puede destinar un rincón a la memoria de esa persona, con una foto o algo que la simbolice, y flores, música o velas. Un espacio donde rezar, hablarle o simplemente estar.

Huella de vida. Hay quien prefiere recopilar material gráfico y audiovisual y crear álbumes, o reunir recuerdos en una caja.

Banderola tibetana. Puede ponerse en casa o colgarla de un balcón o ventana. Son telas y papeles de colores con mensajes de recuerdo sobre esa persona.

los rituales sociales

Igual de necesarios. Cristina Sánchez-Carretero, antropóloga del Incipit-CSIC, recalca que el duelo en sociedad es un ritual de acompañamiento para facilitar el tránsito, y es muy necesario para poder expresar los sentimientos y recibir el apoyo del entorno.

Aplazarlos. Las expertas del instituto IPIR aconsejan: «Piensa que más adelante, si lo necesitas, puedes llevar a cabo la ceremonia que te hubiera gustado realizar en este momento, o alguna otra alternativa. Se trataría de aplazarla». Proponen preparar un escrito para cuando uno vuelva a reunir a sus seres queridos.

Usar las redes sociales. Es una opción muy interesante en estas circunstancias. Se puede organizar una videoconferencia entre varias personas, incluso con la participación de un oficiante.

Compartir la noticia. Se puede crear una página de Facebook o un grupo de WhatsApp donde la gente pueda hablar o escribir sobre sus emociones y ofrecer sus condolencias.

Acto simbólico. Supone organizar un acto coordinado entre un grupo de personas, como una suelta de globos a una hora dada.

 los días siguientes

Autocuidado. Es importante que la persona se cuide, que siga una rutina, duerma y coma a sus horas, haga algo de ejercicio. No vale abandonarse. No hay que exigirse mucho a nivel intelectual, pero físicamente un mínimo.

los amigos

Mensajes. A través de cualquier red social. No se debe esperar respuesta, o al menos no una ni rápida ni extensa.

Qué no se debe decir. Frases como «sé fuerte» «anímate», «distráete», «la vida continúa», «es ley de vida»...

Mejor decir. Frases de empatía y respeto: «Me gustaría mucho poder decir algo que alivie tu dolor, pero no encuentro las palabras», «quiero que sepas que estoy aquí y que pienso en ti a menudo», «si necesitas que hablemos puedes llamarme en cualquier momento»...

Rituales. Se puede hacer un pequeño ritual de despedida y compartirlo (o enviarlo) a ese amigo.

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