Jorge González, joyero: «Al gallego le gustan las joyas»

«Es más frecuente que las señoras se compren sus propias joyas y no necesitan que se las compre nadie», dice el copropietario de la Joyería Roberto, una de las más reconocidas en Galicia


Jorge González (Madrid, 1973) es la mitad de la joyería que lleva el nombre de su padre, quien la convirtió en una de las más conocidas de Galicia. Junto con su hermano mantiene el pabellón alto a base de la seducción que siempre proporciona el lujo, la calidad de sus productos y de la discreción que este periodista fue incapaz de quebrar.

-Usted es joyero casi por obligación. No sé si también por devoción.

-Se dan las dos circunstancias. Este es un negocio familiar, fundado por mi padre y también puedo decir que es un negocio que me apasiona. Desde niño, mis días libres los pasé ayudando.

-¿Sus hijos serán joyeros?

-Es una buena pregunta, aunque aún son pequeños.

-¿Le gustaría que lo fueran?

-No me importaría.

-¿Le gusta llevar joyas?

-Soy usuario de relojes y llevo la alianza de casado. Si me visto de fiesta me pongo gemelos.

-Uno supone que en una joyería se vende más para las mujeres, pero tal vez eso esté cambiando.

-Nuestro mercado potencial en joyería está orientado a las mujeres. Hay joyas masculinas, pero nuestro mayor mercado es el femenino. En relojería no. El noventa por ciento de los clientes son hombres.

-Imagino que ese perfil de un señor que le compra una joya a una señora, está desapareciendo.

-Ese perfil existe y es amplio pero desde hace ya tiempo es más frecuente que las señoras se compren sus propias joyas y no necesitan que se las compre nadie. Igual que se compran ropa o complementos o lo que sea.

-¿Diría que al gallego le gustan las joyas, le gusta lucirlas, es ostentoso?

-El gallego es joyero, le gustan las joyas, de eso no cabe duda. La definición de ostentoso no es correcta porque hay joyas que no son ostentosas. Los dos términos no tienen por qué ir ligados. Un solitario de diamante, que cuesta... bastante dinero, no tiene por que ser ostentoso, Pero puede llevar una bisutería llena de piedras de colores y hecha de metal y ser muy ostentosa. El que compra este tipo de productos es por la satisfacción que le produce poseerlos.

-En las joyas también hay modas, ¿qué es lo que se lleva ahora?

-Moda y temporalidad. Ahora estamos en la época de más bodas por lo que las joyas de fiesta son las que más estamos vendiendo. Y en verano también se llevan mucho las piedras de color porque la gente tiene otra alegría y se refleja en las joyas.

-No sé si hace diez años vendían ustedes, por ejemplo, un pirsin para el ombligo.

-Sí, ya lo vendíamos entonces. Nosotros escuchamos al cliente y, como tenemos nuestro taller, lo fabricamos. No es algo que nos sorprenda, hemos hecho cosas muy raras.

-No me diga. Cuénteme alguna.

-No, no. Somos muy discretos.

-¿Es verdad que las piedras preciosas tienen cada una su propio significado?

-Nosotros no los usamos. Son códigos que no sé quién los escribió, pero nosotros no entramos en ese tipo de argumentos para la elección de una joya. Personalmente, no lo veo.

-Vaya.

-Hay otro tipo de significados. Cuando se hace una petición de mano hay tres productos estrella que son el solitario, la media alianza o la pulsera de pedida. Si usted ve a una mujer con un solitario en el dedo hará bien en pensar que está pedida.

-¿Regalar una joya sigue siendo una buena forma de arreglar un problema?

-Una joya arregla mucho.

-Lo habrá visto un millón de veces.

-Alguna que otra, sí. Pero mire, no es lo más habitual. Lo más habitual es lo contrario. En nuestro negocio la gente entra con una sonrisa, viene contenta, porque viene a celebrar algo especial. Eso es una maravilla.

-¿Cuántas veces ha visto «Desayuno con diamantes»?

-Dos o tres. Pero no crea que es mi película favorita.

-Una cosa que me llama la atención es la pasión que sienten algunos por los relojes.

-Sí. Aquí hay clientes que saben más de relojes que nosotros mismos. Lo bueno es que es una pasión asequible.

-Bueno, bueno.

-Hay relojes que cuestan millones, pero también los hay por cinco euros.

-¿Usted ve a alguien, le mira el reloj y ya se hace una idea de su personalidad?

-Seguramente es un juicio un poco banal, pero sí, por supuesto que sí. Es como si ve a alguien bajarse de un coche de lujo o de otro tipo.

-A ver, vamos a los clásicos. ¿Celta o Dépor?

-Celta. No hay color. Yo iba al campo cuando estaba Karpin, Mostovoi...

-Seguro que alguno fue cliente suyo.

-Recuerde lo de la discreción.

-Defínase en pocas palabras.

-Familia y trabajo. Y amigos, también.

-¿Cocina algo?

-Nada. Prefiero comer.

-Dígame una canción.

-Tuve una juventud algo rockera, aunque no tengo muy buen oído. Vamos a decir Highway to Hell de AC/DC.

-¿Qué es lo más importante en la vida?

-La familia.

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