Santalices y la amenaza del Parlamento bis

La oposición pone a prueba al presidente de la Cámara con su intención de crear una comisión alegal


santiago / la voz

Cuando Miguel Santalices fue encumbrado como máxima autoridad del Parlamento de Galicia, institución de la que ya formaba parte antes de peinar su cabellera gris perla, confesó que su máxima aspiración era la de ser recordado como un presidente que pasó desapercibido. Lo de permanecer en segundo plano, sin significarse en exceso, casi es lo mejor que le puede pasar a quien tiene el cometido de templar gaitas y moderar el debate en uno de los períodos de mayor aversión hacia los políticos.

Pero no lo va a tener nada fácil Santalices. Al lado del desafío que tiene que afrontar estos días, lo ocurrido con algunos predecesores en el cargo, como García Leira, al que se le desmayó el presidente de la Xunta durante una sesión, o con Dolores Villarino, que llamó a los antidisturbios para contener una algarada de alcaldes y concejales del PP decididos a reventarle un pleno, son meras anécdotas.

Hace semanas que los tres grupos de la oposición, En Marea, PSOE y BNG, se marcharon dando un portazo a la comisión de investigación activada por ellos mismos para analizar el deterioro de la sanidad gallega. Protestaban así contra el intento del PP de manejar la investigación a su antojo, valiéndose de su mayoría parlamentaria. La comisión funciona a la pata coja, pero funciona. Y el trabajo de la oposición lo están haciendo comparecientes del Consello de Contas, de la plataforma SOS Sanidade Pública o de los afectados por la hepatitis C, que son los encargados de sacar con sus testimonios los colores a la gestión del PP.

En su huida hacia adelante, la oposición decidió crear esta semana una comisión alternativa e invitar a la misma a todo aquel que pueda incordiar al PPdeG y a su presidente, Alberto Núñez Feijoo. Se fueron de la comisión oficial que constituyeron con arreglo a las normas para impulsar en el mismo edificio un sucedáneo que funcionaría de un modo anárquico y sin normas preestablecidas. Es el movimiento okupa abriéndose camino en la primera institución del país.

Es muy complejo el desafío que mañana tendrá ante sí Miguel Santalices para reconducir la situación. Prohibió por escrito que la oposición pueda usar una sala del pazo de O Hórreo para hacer su Parlamento bis, pero la oposición se muestra fuerte y asegura que se reunirá «si ou si». La polémica está servida. En esta situación, no sería raro que Dolores Villarino hiciera entrar a los antidisturbios, aunque probablemente Santalices no llegue tan lejos a pesar de que a la oposición le dé por okupar sin permiso, como parece que hará, cualquier otra sala de la Cámara gallega.

La cuerda está tensa. Los médicos de atención primaria están en pie de guerra, al igual que los profesionales de los PAC y las organizaciones de pacientes. El desgaste político del conselleiro de Sanidade empieza a ser apreciable. Y entretanto, el Parlamento gallego se entretiene mirando al dedo en vez de a la luna. La discusión se ciñe a una lista de invitados y al formato de una comisión, cuando es la salud de todos lo que está en juego.

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