La frialdad del parricida de Oza

montse carneiro A CORUÑA / LA VOZ

GALICIA

MARCOS MÍGUEZ

Marcos Mirás abandonó su hermetismo para hablar mal de su mujer horas antes del crimen

26 sep 2018 . Actualizado a las 10:16 h.

Segunda jornada de juicio contra Marcos Mirás en la Audiencia de A Coruña. El foco se va abriendo. Después del primer día, centrado en trámites preliminares y las declaraciones del presunto parricida y de la madre del pequeño, nueve personas coincidieron ayer ante el jurado en la frialdad extrema del acusado. A pesar de los distintos vínculos que cada uno mantuvo con este hombre que dice no recordar nada y estar preso de varias enfermedades mentales, tanto los policías que lo detuvieron y acompañaron en el viaje que los condujo hasta el cadáver del niño como los responsables del hostal donde se alojó aquella noche, el hermano y el marido de su exmujer y, sobre todo, la dueña de la cafetería donde solía desayunar y estar con su hijo cuando les tocaba pasar juntos el fin de semana señalaron a Marcos Mirás como un hombre impávido que no se inmutó al ser detenido ni al regresar al lugar de los hechos. Sin embargo, mostró una locuacidad extraña antes de presuntamente asesinar a su hijo de 11 años con una pala en un monte de Oza para hacerle daño a su exmujer.

«Vino solo -recordó de aquel 7 de mayo del 2017 la hostelera-. Empezó a explicar en un tono despectivo que estaba cansado de su exmujer, de que no lo tuviera en cuenta, que no le hablaba de las actividades extraescolares, que el crío solo atendía a la tablet... Yo tengo hijos y le dije que era normal, y entonces él me contestó: “A mí me da lo mismo, al final es como si no está”». «Me extrañó porque yo nunca le había preguntado por la madre del niño, nuestra relación era hola, qué tal. Y él es un hombre frío», explicó la dueña del bar al que el acusado habría de volver ese mismo día alrededor de las 13.30 horas con su hijo y por tercera vez, a las 16.35, ya solo, «sucio, sudoroso, fatigado». «Me pidió una Coca-Cola, la bebió de un trago, fue al baño de mujeres, cogió papel, se secó, pagó y se fue», señaló la mujer, que incidió en que habitualmente no hablaba con su hijo.

La Sala Primera de la Audiencia también escuchó el relato de la familia materna a través de las declaraciones del hermano y del marido de la madre, que conocían las amenazas que Mirás envió 13 días antes del crimen y muchas anteriores, «encubiertas» o explícitas. Como la que le mandó a su excuñado diciéndole que «tuviera cuidado» con la moto, que alguien lo podía atropellar, según reveló el testigo, que calificó su relación mientras estuvo casado con su hermana como «muy fría y muy distante».