Galicia, «play off»


El campo aparece jugoso, como en ninguna otra época del año. Sobre sus fondos multiverdes, salpicados aquí y allá de tonos violáceos, estalla el amarillo de la flor del tojo. Cuando el sol se decide a fijar los colores y a abrillantarlos, la imagen de una Galicia ubérrima, casi idílica, se cuela por los ojos aquietando ansias y alimentando peligrosamente la oscura pereza racial. También en este mayo que termina el paisaje, urbano y rural, se ha visto sorprendido por la irrupción de las amapolas artificiales que produce la cartelería electoral. Y colgados de los sitios más sorprendentes los candidatos juegan su juego; luchan por entrar -o por permanecer- en el Ayuntamiento, o en la Diputación, o incluso en El Dorado del Parlamento europeo. Y hablan y prometen y critican; se combaten y se juntan como el mar y la playa hacen a diario. Mientras eso ocurre como un rito entre la necesidad y la resignación, Galicia está jugando, no sé si con plena conciencia de todos, su clasificación en un vital play off con las otras comunidades autónomas. Los datos son implacables y de difícil edulcoración, indicando el rumbo adonde se va.

«Efecto California»

España se está venciendo hacia la franja mediterránea, por la presión natural de la Comunidad Económica Europea. El efecto California puede ya observarse -y se acentuará en el futuro- a lo largo del Levante y de una parte de Andalucía. La integración física de la orla mediterránea en Europa será realidad en virtud de las comunicaciones por ferrocarril y autopista existentes y previstas. Así ha sucedido en el Norte de Italia en contraste con la Italia meridional. Un alemán de Fráncfort o un parisino va a llegar más fácilmente a Alicante, no digamos a Cataluña, que un valenciano o un catalán a Galicia. Cuando se proyectan ambiciosos planes de transporte ferroviario se ha podido comprobar que Galicia «pasa» de ellos, como en la escena final de Bienvenido Mr. Marshall. Solo le llegarán algunas ventajas residuales, porque el tiempo no transcurre en balde y algo han de mejorar los trenes.

La marginación del plan europeo de autopistas aireado en la prensa no hace más que corroborar con su evidencia la fortuna de una expresión de Paz Andrade. Aquí andamos todavía a vueltas con la terminación del Plan Redia en la Nacional VI y no se ha soldado la unión entre Ferrol y Vigo. La evolución de las circunstancias parece confirmar nuestra vocación geográfica de Finisterre, incorporándonos a esa frontera de aislamiento que sigue por Zamora, Salamanca y Extremadura, a la espalda de Portugal.

Renta y crecimiento

Los últimos estudios sobre el reparto geográfico de la renta y el crecimiento económico en España han puesto de relieve que las diferencias entre unas comunidades autónomas y otras no disminuyen; tienden a aumentar, si es que no aumentan. Y en ese cuadro, que podría dividirse de acuerdo con la técnica del play off, la evolución de las cifras va desplazando a Galicia hacia la zona baja. En 1986, aceptando para toda España un crecimiento del producto interior bruto de 3, el que correspondió a Galicia fue de 1,9. No se aprecian, en conjunto, datos positivos para una mejora coyuntural de Galicia, como sucede, por ejemplo, en Canarias que se está beneficiando, al menos momentáneamente, del ingreso en la CEE: crece la apetencia europea por la transitoriedad de unas vacaciones al sol, pero también por estabilizarlas periódicamente adquiriendo apartamentos. Quien haya visitado el sur de Tenerife habrá podido comprobar el bum de la construcción que allí se vive y que «tira» hacia arriba de la economía. Aquí, si acaso, se presienten dificultades por una negativa repercusión en el reparto injusto de la cuota lechera.

Y si del terreno de las realidades económicas pasamos al de la política propiamente autonómica, el Boletín Oficial del Estado nos proporciona oportunidades para la admiración y no sé si también para cierta envidia, sin continuar la introspección psicológica. En estas últimas semanas se han publicado tres leyes del Parlamento catalán sobre régimen provisional de las competencias de las diputaciones provinciales, sobre la «conurbación» de Barcelona y una completísima ley municipal y de régimen local. Cuando se habla de que Cataluña es la más europea de las partes de España no se hace más que manifestar una realidad, sin que suene a autobombo popular ni a farol electoral del presidente de la Generalitat. La regulación que en esas leyes se hace de la comarca y de las entidades metropolitanas, por ejemplo, está en la mejor línea de las reformas territoriales y de la Administración Local emprendidas en los países del centro y norte de Europa, como expresamente reconoce la exposición de motivos de la Ley catalana de Régimen Local, además de responder a la realidad geográfica, social y hasta histórica de Cataluña. Y no es solo Cataluña, que está dignificando el sistema de autonomías de la Constitución de 1978 y aguantando en primera línea el peso del desprestigio que se descarga -no siempre sin razón- sobre él, sino también otras comunidades autónomas, como las islas Baleares o Asturias, que han aprobado recientemente unas encomiables leyes de ordenación territorial.

Galicia

No. La evolución de los acontecimientos no es favorable a Galicia. Tienden a descolgarla del pelotón de cabeza -en el que nunca estuvo- a cada vuelta del circuito, por un movimiento centrífugo de la historia que se está escribiendo ahora. ¿Qué razones existen para que un empresario foráneo, que busca en el rendimiento la clave de su actuación, decida invertir en Galicia? ¿Cómo pueden paliarse y contrarrestarse y aun superarse las deficiencias? Esa es, entiendo, la cuestión fundamental. Y tiene respuesta. Resulta ilustrativa la lectura de anuncios publicitarios de los flamencos en la prensa americana. Como gancho para atraer a los inversores hablan de la situación geográfica, en el centro de Europa, bien comunicados, y sobre todo llaman la atención sobre su «elevada moral de trabajo» y su espíritu abierto. Y es que la historia no es acontecer ciego y fatal. La construimos los hombres con nuestras decisiones libres, con nuestras iniciativas acertadas o equivocadas, con su carencia. Lo que ahora se echa en falta en Galicia es la construcción del «hecho diferencial», que permitiese invertir la tendencia apuntada hacia un negativo desenlace del play off en el que participa como comunidad autónoma.

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