val do dubra / la voz

En un recodo del río Tambre se esconde un colegio de aspecto singular que sobrevive a la despoblación del mundo rural. Es el CEIP Xacinto Amigo Lera, situado en la aldea de Portomouro, en Val do Dubra, donde resisten unos sesenta alumnos en un centro que un día acogió a 400. Al frente del centro está Manuel Antelo, quien está decidido a que sus alumnos disfruten de las ventajas de ser tan pocos. «Temos una gran relación cos alumnos e entre eles son coma unha familia. Isto ten moitas vantaxes».

Tener 60 alumnos entre nueve cursos supone, por ejemplo, que las clases sean mixtas, aunque a veces los de tres años van por libre, como en este curso. Las aulas mixtas implican trabajo colaborativo a la fuerza y, desde que entran, los alumnos se acostumbran a ayudar a los pequeños. También fomentan la coeducación, porque lo importante siempre es el número no el género, y «ningún rapaz rexeita a unha nena para facer un equipo», señala Antelo como ejemplo. Los recreos se abren a experiencias que van más allá del fútbol; y en este colegio ochentero hay aulas de sobra para cada actividad.

Manuel Antelo recalca que la singularidad del colegio beneficia enormemente al alumno -aunque en algunos cursos les gustaría tener unos pocos estudiantes más-, pero hace recaer un enorme trabajo sobre el profesor: «O docente prepara dunha forma completa a clase, porque ten que pensar en dous cursos, con actividades conxuntas e outras por separado». Al principio eso supone un esfuerzo añadido, pero una vez que el docente entiende los ritmos, obtiene grandes ventajas: «É mellor do que pensaba -dice Lucía, maestra de infantil- e os rapaces axúdanme moito unha vez que coñecen as rutinas». Para Cristina, profesora de los mayores, los niños «rematan cun gran nivel, porque para eles a investigación e a colaboración son algo natural, e iso nótase». Tanto, dice el director, que «saíron alumnos que nos preocupaban e despois remataban a ESO sen problemas».

Como la convivencia se alarga hasta las cuatro de la tarde, los estudiantes se sienten como en casa y eso se nota, por ejemplo, en la capacidad para comunicarse: «Cando chega o festival de Nadal -reconoce Antelo- impresiona ver aos nenos falar en público con naturalidade».

Además, se pueden permitir pequeños lujos como ir cuatro veces al año a la piscina de Roxos (Santiago) y una vez a la playa a final de curso.

La cocina también se beneficia de tan pocos comensales, y el chef, Óscar Fernández les prepara un platos de alta cocina, este año ambientados en el Camino de Santiago: «Poño un prato típico dunha zona, outro galego e a sobremesa desa zona», y siempre cuidando de hacer menús específicos para las alergias, intolerancias o enfermedades (tiene algún alumno con diabetes tipo 1). El Camino es el proyecto del colegio y se trabaja a partir de la gastronomía en todas las áreas.

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