Aprender desde el interés personal

Los veinte alumnos de primaria y secundaria del CEE Panxón, de Nigrán, hacen de la práctica su forma de conocimiento

Aprender desde el interés personal Los veinte alumnos de primaria y secundaria hacen de la práctica su forma de conocimiento

nigrán / la voz

El Centro de Educación Especial de Panxón es especial. Pero no por sus alumnos, sino porque el claustro ha asumido una forma diferente de enseñarles: el método Piteas. Este sistema, basado en el modelo SEM o de los tres anillos de J. Renzulli y S. Reis, es la apuesta de la Fundación Barrié que, junto al departamento de Altas Capacidades de la USC y con el auspicio de la Consellería de Educación, se está poniendo en marcha en diez centros gallegos de forma experimental.

Rafael Lores (director), Lucía González (pedagoga terapeuta) y Betina Represas (orientadora) explican que su filosofía es ofrecer a los estudiantes un abanico de posibilidades para encontrar el talento que cada uno tiene y, a partir de ahí, dirigir el aprendizaje por ese camino. Por eso las clases son dinámicas, no divididas en asignaturas compactas, sino entendidas como un todo.

En un espacio independiente de este complejo formado por varias escuelas, está el taller de tecnología, donde hoy se trabaja en arte. Lo hacen Iago y Manuel, cada uno desmontando aparatos abandonados para hacer una creación; y lo hace Anxo, el alumno reconocido por todos como el inventor del centro, que primero ha sido capaz de arreglar una silla estropeada bajo la mirada de Nati (profesora de Tecnología) y Marta (PT). Pero en este edificio se esconde una de las joyas de Panxón: el grupo de música. Chema, el profesor, ya cerca de la jubilación, lleva toda la vida enseñando así: «No empezamos con solfeo, comienzan tocando y después estudian música». Salomón, Iker, Míriam y Pablo demuestran que el método de Chema funciona: encadenan una canción con otra y en el caso de Iker y Salomón con una destreza muy superior a la media.

«Lo único que funciona en este centro -reconoce Lores- es el vínculo que establecemos con los alumnos». Estos tienen edades comprendidas entre los 8 y los 18 años, algo que complica a la vez que enriquece la convivencia. En el centro no solo estudian, también viven. En la parte alta del edificio están las habitaciones, todas individuales, espacios donde cada alumno se expresa con libertad.

La autoestima, clave

En Panxón apuestan por confiar en los alumnos, exigirles, tener expectativas. Con la responsabilidad llega la autoestima y la libertad, todo envuelto en cariño verdadero. «Cuando llegan -dice Betina Represas- nosotros siempre les preguntamos a los niños y a sus familias lo que se le da bien. A partir de ahí se diseñan tareas de aprendizaje para que avancen en el conocimiento». Para Lucía González «como profesor es una experiencia interesantísima, porque si eres capaz de diseñar para estas circunstancias cambiantes, eres capaz de cualquier cosa».

Rafael Lores apunta cuál es uno de los principales méritos del centro: «Aquí nadie trabaja solo. No se trata de ser un buen profe, sino de ser un buen equipo; ni de tener una buena aula, sino de contar con un buen centro. Es un concepto que tenemos claro».

Por eso en las aulas hay profesores de ciencias o de letras junto a PT o los orientadores. «Cada uno es imprescindible, aunque nadie lo sea».

Cocina en el corazón

La cocina escolar es una de las joyas de Panxón. Completamente equipada, como un espacio profesional, acoge a todos los niños por grupos. Allí aprenden a compartir y colaborar, a hacer platos llenos de cariño e imaginación y, sin saberlo, a leer con atención, manejar conceptos matemáticos y analizar procesos químicos y físicos. El año pasado montaron un restaurante que servía comidas todos los jueves, una experiencia gratificante y retadora para profesores y alumnos, algunos de los cuales siguen ahora en FP de hostelería.

Manipulación

En Robótica aprenden a montar un mbot, un pequeño robot, y cuando hayan sido capaces de armarlo aprenderán a programarlo. «Nos gusta -explica Lucía González- que los alumnos manipulen cosas, porque las entienden mejor». La teoría es importante en Panxón, pero más lo es la práctica.

Ciencia real

Las clases de ciencias cuentan con una pizarra donde se escriben los experimentos, que se graban para colgarlos en la Red. Como la «pasta de dientes para elefantes» hecha con agua oxigenada, el agua caliente, jabón y levadura.

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