Patriarcas de la comunidad coruñesa estudian desterrar al «autoproclamado» rey de su pueblo
17 dic 2017 . Actualizado a las 00:11 h.Un inquieto joven coruñés de 21 años llamado Jeremías Barrul «se levantó un día de cama y decidió autoproclamarse rey de los gitanos de Galicia», según cuentan sorprendidos los mayores de la comunidad en la ciudad. «El impostor», como así le dicen, compró unos bastones y recorrió varios municipios de la provincia para regalárselos a alcaldes y concejales de diferentes municipios «donde él quería montar mercadillos». Pues a eso se dedica. De hecho, hace dos años fundó la asociación Promesa Gitana Cultural y Ambulante. A todos ellos les anunciaba su reciente coronación. Hace unos días, también entregó el bastón de mando del patriarcado gitano al general jefe de la Guardia Civil de Galicia, Ángel Alonso Miranda, en un homenaje que él, por iniciativa propia, hacía al cuerpo «por su labor en Cataluña en defensa de una España unida».
«Ni es rey, ni tiene categoría para tener peso en nuestro pueblo», decía ayer Ramón Borja, hijo de Aquilino Borja, el último gran patriarca gitano de Galicia, ya fallecido. Borja mantuvo ayer una reunión con representantes de su comunidad en A Coruña para «ponerlo en su sitio». Todos ellos acordaron estudiar el destierro de Jeremías Barrul basándose en que este «chico no tiene categoría, no sabe ni está preparado para resolver los conflictos, carece de autoridad y lo único que busca es el beneficio propio».
Barrul niega que se autoproclamara rey y que solo busca una salida para «la gente de mi cultura» Antonio Jiménez, que se llama y apellida igual que su fallecido suegro, otro de los grandes patriarcas del pueblo gitano, dice que no lo aceptan y que si continúa así «se va a buscar un problema muy gordo» porque, según sostiene, autoproclamarse rey o hombre respetado en el pueblo gitano «es una falta de respeto muy grave a los mayores».
Cuentan que para ser un patriarca en su cultura «es necesario tener unas virtudes» y que la comunidad lo elija a él para resolver los problemas que puedan surgir. «Eso no se gana en dos días», añaden, Y Jeremías Barrul «no tiene categoría, trayectoria ni el beneplácito de su pueblo. Más bien, todo lo contrario», apunta Ramón Borja.
Asalto al poder
Ante estas graves acusaciones, Jeremías Barrul puntualiza que «nunca» se autoproclamó rey, que, en todo caso, fue parte de su pueblo el que confió en él para arreglar asuntos y «buscar una salida laboral a los gitanos gallegos» desde la asociación que él preside. Prueba de su poder es, según cuenta, que lo han llamado de las comunidades de Bilbao y León para resolver problemas que tenían.
Jeremías Barrul, a quienes los representantes de la comunidad en A Coruña le piden que «no vuelva a hablar en nombre de los gitanos», dice que su guerra es otra, la de «ayudar a la gente de mi cultura a salir adelante con dignidad, trabajo y respeto». Sostiene que en estos tiempos la gente «necesita un puesto laboral para desarrollarse como persona y también apoyo político porque las familias que se dedican a la venta ambulante necesitan que se les tenga en cuenta».