La psicóloga Ana Aizpún ha estudiado un fenómeno que se remonta a la Grecia clásica y que afecta a todos los implicados
05 nov 2017 . Actualizado a las 05:00 h.Ana Aizpún es psicóloga y una de las autoras de una investigación que se realizó en el año 2009 sobre el fenómeno de las novatadas, que ya aparecen en la República de Platón.
-¿Son un rito de iniciación?
-Exactamente. Las novatadas son como un rito de iniciación desvirtuado, que se ha tergiversado y ha acabado siendo una forma de maltrato entre iguales. En su origen, el objetivo sin duda era acoger a los recién llegados y enseñarles el funcionamiento de la institución, mantener la jerarquía entre los que llevaban un tiempo y los que acaban de llegar... Pero ahora son otra cosa.
-¿Por qué se repiten?
-En nuestra sociedad hay un profundo desconocimiento de las novatadas, porque es una realidad que no afecta a la mayoría de la población. Se mantienen porque son cosas muy arraigadas que se han ido alimentando gracias al silencio de las víctimas.
-Esas víctimas al año siguiente se convierten en agresores.
-Esto se produce por una cosa que se llama la disonancia cognitiva. Cuando una persona realiza actos que van en contra de sus principios o valores tiene que minimizarlo. Es un mecanismo de protección de la autoestima.
-Y se diluye la responsabilidad en el grupo.
-Es una violencia que está despersonalizada. No es María agrediendo a Pepa, es una veterana integrando a una novata. Los que humillan no se sienten responsables de estar hiriendo a nadie porque no lo hacen por su personalidad, porque lleven gafas... es parte de su rol como veterano.
-¿Qué consecuencias traen?
-Las consecuencias son para víctimas, agresores y observadores. Porque cuando una persona es testigo de un acto violento, de humillación o de abuso de poder, sí o sí queda marcado. La normalización de la violencia afecta a todas las personas que están alrededor de la misma.
-Lo peor es para las víctimas.
-Para una víctima es doblemente traumático si sufre una agresión y hay una persona que lo ve y no hace nada. Le dicen que tiene que hacer cosas humillantes y vejatorias para ser integrado. Ve que hay quien sabe que eso está ocurriendo y no hace nada. Y además le dicen que eso son bromas graciosas y que solo se quejan o se chivan los débiles, los pringados, los que no tienen lo que hay que tener para aguantarlo. Es un mensaje que cala muy hondo.