Inés Fernández Lamela: «Tentoume matar tres veces e esta semana sae de permiso»

Javier Becerra
Javier becerra A CORUÑA / LA VOZ

GALICIA

Lucía Vidal / Daniel R. Portela

Esta víctima de violencia machista relató en un libro el horror sufrido con el marido maltratador, que vuelve unos días a la calle esta semana

06 jun 2017 . Actualizado a las 11:14 h.

«Pena de 17 años para un maltratador que intentó tres veces matar a su mujer». Así tituló La Voz el 23 de marzo del 2013 el final del calvario vivido en Lugo por Inés Lamela con Carlos González Fanego, su exmarido. Una vez la intentó ahogar metiéndole la cabeza en una bañera llena de agua. Otra, quiso matarla con pastillas. Y una última le golpeó con un tablón en la cabeza. Internada en el hospital, una de sus hijas denunció al agresor. Fue el principio del fin. Del proceso abierto contra él se derivó la condena más alta impuesta hasta aquel momento a un maltratador en Lugo.

El trauma no se ha superado. «Iso non pasa nunca. Téñoo sempre presente», dice Inés, que relató en un libro las penurias padecidas. Se titula As miñas fillas devolvéronme a vida y ayer lo presentaba en la Residencia Sar A Coruña. Lo hacía con una noticia que perturbaba la paz relativa encontrada en los últimos años. Desde Cantabria, el lugar en el que cumple condena su excónyuge, le indicaban que este fin de semana gozará de un permiso penitenciario. Inés resume el horror en una frase: «Intentou matarme tres veces, e esta semana sae de permiso do cárcere». Y añade una segunda: «Temo pola miña vida e a das miñas fillas e a miña neta. El dixo que se o denunciábamos nos mataba».

Inés, que pasó 29 años casada con Carlos, explicó ayer que su caso siguió el patrón típico del maltratador: de menos a más. Primero la minó psicológicamente, anulándola como persona. Luego, empezó con las hijas, vejándolas y amenazándolas. Más tarde se inició esa violencia física que terminó siendo juzgada por los magistrados de la Audiencia Provincial de Lugo. En una ocasión, cuando intentó ahogarla en la bañera, ella le dijo: «Non fagas iso, polas túas fillas». Él le contestó: «Non te preocupes que o peor é de quen morre, porque eu vou seguir».

El terror se pasea por las páginas que le recomendó escribir su psicólogo. «Levo en tratamento dende aquela. Eu dicíalle ao psicólogo que tiña unha vida tan complicada que debería escribir un libro. El díxome que o fixera, que me podería servir de terapia. Fun apuntando todo nun caderno e seguín escribindo». El Ayuntamiento de Lugo la apoyó e hizo una edición en gallego del mismo. Se presentó el año pasado, coincidiendo con el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Posteriormente, salió otra tirada en castellano.

«Quería facer algo dunha vez»

Además del exorcismo del dolor sufrido, el libro revela un segundo sentido para Inés. «Nunca conseguín nada na miña vida e quería facer algo dunha vez», explica. Recuerda su intento frustrado de sacar una oposición. «Foi el quen non me deixou seguir», dice. Ahora lleva su obra a todos los lugares en los que la llaman. «Moita xente entrou en contacto comigo para dicirme que se sentía reflectida e que lle foi unha gran axuda. Moitas mulleres non se atreven a falar porque saben que o agresor anda por aí e teñen medo. Fai falla atreverse máis». También lo presentó en colegios: «Paréceme algo moi importante, para que os mozos saiban detectar pronto a un agresor e impedir posibles casos de violencia nun futuro».

Ayer su historia volvió a impresionar en A Coruña. Inés vive gracias a que su verdugo calculó mal la cantidad de benzodiazepinas con la que quería matarla. Era su segundo intento, tras el de la bañera. Las mezcló con el desayuno. Ella sufrió por ello una intoxicación para la que necesitó seis días de recuperación. Luego llegaría el episodio del tablón, abriéndole la cabeza, y el encarcelamiento. Detrás, traumas psicológicos y un recuerdo negro que acaba de volver cuando supo que saldría de prisión, aunque solo sea por unos días.

«Levará unha pulseira para controlalo e ten varias ordes de alonxamento de min e das fillas. Pero non contaba que lle deran un permiso así e teño medo de que poida aparecer», explica. Mientras, en su cabeza resuenan las palabras del ex: «Dicía que no cárcere entraría, pero que cando saíra me mataría. A calquera persoa unha cousa así non se lle vai da cabeza nunca».