Así se defiende la cobertura

Una central de Telefónica en A Coruña controla las torretas de media España. El temporal la puso a prueba

Un operario supervisa los sistemas de una estación en Manzaneda, totalmente congelada
Un operario supervisa los sistemas de una estación en Manzaneda, totalmente congelada

A CORUÑA / LA VOZ

La enorme pantalla refleja un mapa de Galicia con unas pocas marcas. Es una imagen grabada del mediodía del jueves 2 de febrero, momento de inicio del último temporal. El técnico deja fluir una animación que muestra el mismo mapa cada dos horas. Y las marcas empiezan a crecer como la erupción de un sarampión. Doce diapositivas después, ya han colonizado todo el mapa: el temporal ha puesto Galicia patas arriba. «No es lo mismo, además, que una situación de este tipo ocurra un lunes a que ocurra un jueves», añade Javier Freire, jefe del CNAI (Centro Nacional de Acceso Inalámbrico) de Telefónica. Lo que quiere decir es que al fin de semana se llega con menos personal, pese al refuerzo que fue necesario incluir para capear las incidencias de aquel intenso fin de semana, que puso a prueba la capacidad de reacción de este servicio.

Lo cierto es que algunos de los testimonios que recogió La Voz los días del último temporal en puntos de Galicia donde el suministro eléctrico se perdió durante horas, días en algún caso, mostraban como ejemplo del desamparo energético vecinos cargando sus móviles en el coche. No había electricidad, pero sí cobertura: «En los peores momentos la afectación pudo alcanzar, como máximo, a un 10 %», asegura Freire. Desde el órgano que dirige este técnico se controla la mitad de las estaciones de España. «La mayoría de las alertas las podemos arreglar desde aquí», confirma el responsable. Una aplicación diseñada parcialmente en Galicia es capaz de determinar el origen de la alerta y cómo solucionarla. De hecho, la aplicación arregla de forma automática más o menos la mitad de los problemas. Pero no todos. Algunas requieren del factor humano, para calibrarlas y para devolver la normalidad. El último temporal puso a prueba de nuevo la capacidad de reacción para mantener con vida un servicio del que ya nadie quiere prescindir.

«Lo primero que hay que entender es que la caída de una estación no provoca necesariamente un hueco de cobertura», explica Javier Moragón, jefe de operaciones de Telefónica en Pontevedra. Las estaciones dan servicios de 2G, 3G y 4G. Que se caiga una red no significa que se caigan todas. Y, por una vez, la orografía de Galicia es una ventaja. Hay tantas estaciones que el fenómeno de solapamiento es muy común: «Muchas veces, el usuario lo único que nota es que tiene una o dos rayitas menos en el símbolo de la cobertura de su móvil». Y algo de eso debió de ocurrir durante el último temporal porque, pese al incremento de las alertas, la cobertura sufrió mínimamente.

Más de dos mil estaciones

Galicia supone aproximadamente un 5,8 % del territorio español, pero aquí están el 17,6 % de todos los postes que hay en España, es decir, 647.721. Y un total de 2.270 estaciones. Desde luego, todo un reto de mantenimiento pero también una importante ayuda para que un solo fallo no ponga en jaque el sistema.

«Durante el temporal, el número de actuaciones se multiplicó por cinco, pero la gravedad se multiplicó por 15», señala uno de los técnicos encargados de evaluar la importancia de las averías para destinar recursos humanos a su reparación. En realidad, una parte importante de las alertas que aparecen en la pantalla tenían como origen la falta de suministro eléctrico, es decir, nada se podía hacer para reanudar el servicio en tanto no regresara la energía. Por otro lado, mientras el temporal sigue activo, no se arreglan torres, por ejemplo. Pero sí hay otras incidencias que pueden ser solucionadas y, de hecho, lo fueron.

Los técnicos que inyectan humanidad en el sistema informático deciden qué averías tienen prioridad en función del número de personas afectadas, infraestructuras especiales (un hospital, por ejemplo), número de quejas... «Este temporal fue duro, pero nada comparado con el Klaus», apunta Javier Freire, que insiste en que lo más importante para poder afrontar con garantías fenómenos como el último temporal está en la prevención y el mantenimiento: «Nosotros ya habíamos avisado a todas nuestras empresas colaboradoras para que estuvieran alerta con los recursos preparados ante lo que nos venía encima. Sin todo ese trabajo previo, los problemas en un temporal como este se multiplicarían por cien». Afortunadamente, al menos en este temporal, la reacción fue la adecuada. Y la cobertura se defendió con dignidad.

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