Y el acusado recusó... a la traductora

A petición de la abogada de un procesado inglés, una jueza echa de la sala a una intérprete por cometer errores

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vigo / la voz

La titular del Juzgado de lo Penal número 1 de Vigo paralizó ayer un juicio e invitó a salir de la sala a una intérprete jurídica de la Xunta porque la abogada de un acusado británico se quejó de los continuos errores de traducción del inglés al español. La letrada, que tenía buen oído para los idiomas, advirtió a la magistrada que los deslices de la traductora podían causar indefensión a su cliente y conllevar la anulación del juicio.

El acusado había sido denunciado por su exnovia, con la que tenía una hija en común, por un supuesto maltrato psicológico, aunque la Fiscalía pide la absolución. El procesado negó las acusaciones en un correcto inglés. Pero la jueza se impacientó por los titubeos y circunloquios de la traductora y la abroncó. Por otra parte, la abogada la pilló en errores de bulto cuando su cliente dijo «back to England» (volví a Inglaterra) y la intérprete oyó «pack» y lo tradujo como «hacer las maletas». O cuando el acusado contó que su novia había sufrido una depresión en el 2011 y la traductora entendió que la expareja sufría depresión desde «los once años». La lingüista incluso le hacía gestos al procesado para que repitiese una frase.

La magistrada apercibió varias veces a la intérprete de que estaba descontenta porque la traducción tenía que ser simultánea, pero la veía poco ágil y liosa. Finalmente, la abogada estalló: «La intérprete no le hace correctamente las preguntas a mi cliente y vulnera su defensa». La experta alegó que este era su segundo juicio en inglés, pero la jueza, para evitar una nulidad, le ordenó: «Abandone la sala». Luego, suspendió el juicio para pedir otro lingüista de la Xunta.

Durante la espera, un filólogo que asistía al juicio como público brindó sus servicios. La jueza rechazó al espontáneo porque los expertos deben estar incluidos en una lista oficial de la Xunta. Pero la denunciante presionó para no retrasar más el juicio porque una testigo que había viajado desde Italia para declarar debía regresar pronto a su país.

La Xunta tenía buenas referencias del filólogo del público y lo incluyó en su lista, por lo que se reanudó el juicio con el nuevo traductor, que contentó a todos.

El acusado es Thomas R., un hombre de negocios inglés que en el 2013 compró las piedras del restaurante El Castillo de Vigo para reconstruirlo en su país. La denunciante, que pide año y medio de cárcel, es una emprendedora viguesa que inició su romance cuando ella estudiaba. Fueron diez años salpicados de rupturas, en las que ella se mudó a pisos de estudiantes de tres ciudades (Barcelona, Florencia, Roma), pero él la encontraba y, a veces, se reconciliaban. Acusa a su expareja de ordenarle dormir desnuda, humillarla ante su familia con bromas en inglés, reprocharle que llevase pelo corto y obligarla a usar falda o a subir y bajar escaleras para adelantar el parto, y amenazarla tras nacer su bebé. «Hundió mi autoestima, sufrí maltrato habitual», dijo.

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