Un coruñés alquila una habitación, hace una fiesta con amigos, quema el sofá, roba la tele y huye sin pagar
13 ene 2017 . Actualizado a las 05:00 h.Del mueble bar solo quedaron las bisagras. El hombre, que acaba de ser condenado con tres multas de 300 euros se llevó de la habitación en la que estuvo alojado una noche hasta el detector de humos del techo. No dejó ni el televisor, que metió en el maletero del coche junto al albornoz y las toallas. Al día siguiente, ya recuperado de la juerga, arrancó y se llevó por delante la barrera del motel sin mirar atrás. Dar con él fue sencillo, pues se había alojado con su documentación.
Hace un mes, asistido por el penalista Diego Reboredo, fue juzgado y reconoció los hechos. El titular del juzgado de Instrucción número 3 de Betanzos lo castigó con tres multas por daños, hurto y estafa. Y por supuesto, está obligado a pagar al dueño del establecimiento los desperfectos causados y los objetos robados. En la sentencia se dice que la indemnización será de 1.733 euros por las consumiciones no abonadas, la televisión y los daños.
Arrancó el detector de humos
Todo ocurrió el 20 de junio del 2014. Aquel día, Rubén M.G., de 32 años, llegó pronto a un motel cerca de A Coruña. No eran ni las cuatro de la tarde cuando pidió una habitación. Le dieron la 119. Lo que pasó ahí dentro después solo lo saben él y los amigos a los que invitó. Pero por como quedó la estancia, parece que no se privaron absolutamente de nada, y dejaron el mueble bar prácticamente vacío.Un sofá que había en la habitación apareció quemado, pero del incendio nadie se enteró, porque el huésped se había encargado antes de arrancar del techo el detector de humos. La mesa de cristal tampoco se libró del desmadre.La sentencia cuenta también que el acusado, en su afán por dejar la habitación «limpia», robó hasta el televisor. Quiso también llevarse el soporte que lo sujetaba a la pared, pero no tenía las herramientas necesarias.
No es la primera vez que Rubén M. G. sale en los medios por un hecho disparatado. Hace ahora un año se publicaba una sentencia que lo condenaba por el robo de una bicicleta. Nada extraordinario si no fuera porque huyó del establecimiento montado en ella. Ocurrió el 3 de julio del 2014 en el centro comercial Marineda City, en una tienda de material deportivo. Sobre el mediodía, Rubén se presentó en el establecimiento. Frente a la sección de ciclismo, buscó una buena bicicleta y encontró un modelo que le gustó. El vehículo marcaba un precio de 999 euros. Allí mismo, se subió encima, dio unas vueltas por los pasillos de la tienda, mientras manifestaba a gritos que la estaba probando. De pronto, sin bajarse de la bici, tomó rumbo a la línea de cajas, cerca de la salida, y traspasó la puerta sin parar ni inmutarse.