Galicia debe tomar partido tras el 27-S

Aunque no habrá República de Cataluña, algo va a cambiar tras los comicios y los gallegos tendrán que decidir si quieren compartir singularidad con los catalanes o seguir igual que ahora


Madrid / La Voz

Dando por hecho que, ocurra lo que ocurra el 27-S, lo que no se va a crear nunca es esa fantasmal República Independiente de Catalunya que propugna Artur Mas, lo que resulta evidente es que, también ocurra lo que ocurra, algo tendrá que suceder después de estas elecciones. Algo tendrá que cambiar en Cataluña, por más que estos comicios, como dice el presidente del Gobierno, solo sirvan para conformar un parlamento regional. Pretender que, después de lo que ha sucedido y lo que va a suceder, todo vaya a seguir exactamente igual que hasta ahora, es algo que no se creen ni los más conspicuos antinacionalistas. De modo que conviene ir empezando a situarse ante el paisaje que surgirá después de la batalla del 27-S.

De entrada, y por mas ruido que se genere, nada realmente importante va a suceder hasta que se celebren las elecciones generales del 20 de diciembre. Inimaginable resulta que, declaraciones de exaltación patriótica y brindis al sol aparte, el Gobierno de la Generalitat, -que presidirá un representante de Junts pel Sí, tengan o no mayoría absoluta los independentistas-, tome alguna decisión que pueda provocar un conflicto definitivo con el Estado sin esperar a ver si se produce o no un cambio de Gobierno en Madrid. Es obvio que los independentistas tienen más esperanzas de rentabilizar su órdago con un ejecutivo multipartito presidido por Pedro Sánchez y apoyado por Podemos y por una constelación de partidos de izquierda, que de hacerlo con un Ejecutivo presidido por Rajoy y respaldado por el líder de Ciudadanos, Albert Rivera. De modo que la primera consigna es esperar y ver. «Wait and see», que suele decir Artur Mas.

Lo que está también descartado es que la solución pueda ser el Estado federal que propugna el PSOE, porque eso supondría reeditar el café para todos. Algo que, además de que no sería aceptado nunca por los independentistas, fue un error garrafal de la Transición que nos ha llevado hasta aquí. Le pese a quien le pese, y con Rajoy o con Sánchez en La Moncloa, si esto tiene solución, esta pasa por una mejora en el autogobierno y la financiación de Cataluña y un reconocimiento de su hecho diferencial. Y ahí es donde Galicia y los gallegos tienen que tomar partido tras el 27-S. Porque café para todos no tiene que haber, pero tampoco moca para Cataluña y achicoria para todos los demás.

Galicia tendrá que decidir si se empeña en seguir poniéndose al mismo nivel que Murcia, La Rioja o Cantabria, o si, aprovechando el viaje catalán, se sitúa en la lógica que indica que en España hay tres territorios con una historia y una lengua propias -Galicia, Cataluña y País Vasco- que justifican el que su trato constitucional sea distinto al del resto de comunidades, de manera que se constate su singularidad, aunque ello no tenga por qué implicar privilegios de unos españoles sobre otros.

Esa singularidad, a la que Galicia no debería renunciar si, como parece inevitable, se le reconoce a Cataluña, no pasa desde luego por una Hacienda propia, porque lo que económicamente interesa a Cataluña sería dañino para Galicia. Pero, como mostrará el 27-S, los sentimientos son mucho más importantes que la cartera.

Feijoo es ahora mismo el único hombre fuerte del PP

La fotografía que ayer publicaba La Voz de Galicia, en la que el candidato del PP en Cataluña, Xavier García Albiol, aparece rodeado de los barones populares, muestra bien a las claras la pérdida de poder autonómico de los populares, los cambios operados en el partido y la situación de Alberto Núñez Feijoo de cara al futuro. Solo hay ahí cinco presidentes autonómicos. De ellos, tres son novatos y otro, el castellanoleonés Juan Vicente Herrera, tiene ya fecha de salida. Solo Feijoo es veterano y es, además, el único que gobierna con mayoría absoluta. Con la secretaria general a punto de hacer las maletas y con Génova repleta de pipiolos recién llegados, la fotografía deja claro quién es el hombre fuerte del PP.

Beiras y Pablo Iglesias, en el «chicken game» gallego

En la memorable secuencia de Rebelde sin Causa, James Dean participa en una versión del juego conocido como The chicken game. En su formato original, consiste en que dos conductores dirigen sus vehículo el uno contra el otro y el que se aparta primero es el gallina. En la película, ambos enfilan un precipicio y Dean se convierte involuntariamente en el gallina, mientras su rival se estrella. Xosé Manuel Beiras y Pablo Iglesias están librando en Galicia la versión original de ese juego, desafiándose de frente a la espera de que uno de los dos ceda ante el otro, convirtiéndose así en la gallina política de Galicia. El problema para ellos puede ser que, al contrario que en la película, ambos acaben en el precipicio.

Rajoy se muestra previsible y convocará para diciembre

Allá por el mes de febrero, cuando el debate público era si Mariano Rajoy adelantaría o no los comicios generales, dije en estas páginas que la estrategia del presidente del Gobierno era precisamente la contraria. Que su intención era alargar al máximo la legislatura. Y, más concretamente, que las elecciones se celebrarían el 20 de diciembre. Aquí http://goo.gl/SWs61a pueden comprobarlo. No se trataba de hacer futurología ni de jugar a las quinielas, sino de información contrastada, por más chanzas que provocara entonces la información. Rajoy, como es lógico, no le transmitió esa información a nadie. Pero los que le conocen bien, en el PP y fuera de el, son ya capaces de adelantar sus movimientos.

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