La sanidad en su laberinto


La fórmula PPP (Public Private Partnership) fue diseñada en el Reino Unido para la construcción de infraestructuras públicas por entidades privadas, superando algunas limitaciones de la iniciativa pública tradicional. Las revisiones del modelo han mostrado -como era de esperar- pros y contras. La principal ventaja es que permite la construcción de obra pública sin restricciones presupuestarias a corto plazo. No está tan claro que el coste final para las arcas públicas sea inferior (al menos en el Reino Unido) aún considerando la tradicional desviación presupuestaria (al menos en España). En resumen, asunto debatible en el que se puede estar a favor o en contra. Personalmente no estoy a favor pero entiendo legítimos los argumentos de quien lo está.

Con respecto a la fiabilidad de las instalaciones así diseñadas en relación con la fórmula pública clásica, es difícil constatar diferencias significativas. Esto parece de sentido común, salvo que se dé por sentado que la iniciativa privada es esencialmente delictiva, primando el beneficio sobre la seguridad. La obra puede rematarse mejor o peor, y, cuando corresponda, deben asumirse responsabilidades y aplicar sanciones, tanto si es pública como privada. En una época en la que el mercado empieza a castigar, afortunadamente con creciente severidad, la falta de ética, penalizar la seguridad frente al beneficio (o el ahorro) parecería contraproducente.

Como es obvio, en los hospitales fallece gente a diario, a pesar de que su objetivo es tratar y curar pacientes. En ocasiones, por desgracia, la mortalidad se debe a iatrogenia: un efecto no deseado del proceso médico o del entorno hospitalario. Las infecciones nosocomiales constituyen un problema muy serio, particularmente en pacientes mayores y/o con enfermedades crónicas. Por eso se insiste tanto en la importancia de ingresar solo si es estrictamente necesario y los beneficios potenciales superan a los costes. Particularmente me resulta muy difícil especular sobre que la iatrogenia esté vinculada a la titularidad pública o privada de la empresa que ha construido un hospital. Para saberlo a ciencia cierta tendría que diseñarse un estudio multicéntrico y estratificado riguroso que relacionase mortalidad con carácter público o privado de la instalación o su construcción. No conozco ninguno, pero parece razonable pensar que esa variable no produce un impacto significativo. Convendría por tanto hacer un llamamiento -uno más- a la despolitización de la sanidad, algo que sin duda mejoraría la calidad de la asistencia. Sobre esto si que es posible encontrar estudios contrastados.

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