El PP busca un topo desesperadamente

Crece la psicosis de que alguien de dentro filtra escándalos que afectan a miembros del partido, mientras el discurso autocrítico de Feijoo empieza a molestar a algunos dirigentes


Madrid / La Voz

En un libro memorable titulado Tempestades de acero, Ernst Jünger, relata la vida diaria en las trincheras de la Primera Guerra Mundial de unos soldados alemanes hundidos en el barro hasta las cejas, que se levantan cada día con una lluvia de proyectiles ante la que solo cabe agachar la cabeza y esperar que a uno no lo mate un esquirla afilada. Así vive últimamente un PP que abre cada día el periódico con el temor de que este le estalle en las manos. El caso Rato, los trinques de Trillo y de Pujalte, los gastos suntuosos de Rita Barberá... Llueve tanto, de manera tan repentina y tan coordinadamente, que en el PP se ha instalado la psicosis de que se trata de fuego amigo. Y de que en el partido hay un topo que trabaja para derribar a Rajoy. Se teme además que esa tempestad de acero aumente exponencialmente cuando los que se ven señalados caigan en la tentación de filtrar casos que afectan a otros dirigentes populares para no quedarse solos como cabeza de turco. Una multiplicación del caso Bárcenas, para entendernos. Y personas como el propio Rato, como Granados, como Trillo, como Barberá y otros, conocen desde luego cosas que harían mucho daño al PP. De modo que se busca al topo desesperadamente para tratar de taponar cuanto antes ese grifo.

En esa situación de desconcierto, en la que nadie se fía ya de nadie y todo el mundo teme dar un paso en falso, cabe interpretar también algunos movimientos internos en el PP. Hasta hace no mucho, por ejemplo, cuando Alberto Núñez Feijoo se dejaba caer por Madrid para intervenir en uno de esos desayunos informativos con los que los partidos tratan de marcar la agenda política de la jornada desde los salones de un hotel, ya que no pueden hacerlo desde sus sedes, acudían a escucharle un tropel de dirigentes populares y una nutrida representación del Consejo de Ministros. El pasado lunes, sin embargo, Feijoo protagonizó uno de esos almuerzos mañaneros y por allí no se acercó un solo dirigente nacional del partido. Y, por más que busqué, no encontré tampoco a ningún ministro, y sí a muchos segundos espadas de los ministerios enviados por sus jefes para que les informasen luego de lo que allí se había dicho. Las ausencias, evidentemente, no se debían a la poca capacidad de convocatoria de Feijoo, porque en el salón estaba todo Madrid. La razón de tales ausencias hay que buscarla en la actual guerra de nervios que vive el PP, en donde a algunos les empieza a molestar el discurso crítico y sin complejos de Feijoo, capaz de decir que el partido ha cometido errores en su financiación; que los ciudadanos tienen motivos parta estar decepcionados; que al Gobierno le falta relato o que hay que hacer más autocrítica. Hay quien teme que, por esa vía, puede quedarse sin poltrona. Y por eso no solo le hacen luz de gas a Feijoo, sino que aventan la especie de que conspira contra Rajoy.

El líder del PPdeG, sin embargo, se lo deja muy claro a quienes según su propia expresión sufren «tensiones de vestuario» y les advierte de que, si el resultado es muy malo en las autonómicas y municipales, no será a Rajoy a quien haya que cambiar, sino que será a todos ellos a los que puede llegarles su hora.

Albert Rivera está repitiendo los errores de Pablo Iglesias 

En el rápido encumbramiento de Ciudadanos han influido sin duda los errores de los líderes de Podemos. Y, sin embargo Albert Rivera repite en los últimos días prácticamente todas las equivocaciones de Pablo Iglesias. A saber, una sobreexposición mediática desmesurada y una cierta prepotencia en el discurso que empieza a resultar cargante. Si a ello se le añade el tono arrogante de su gurú económico y profesor de Harvard, Luis Garicano, que trata a los españoles como ignorantes y se dirige a ellos como a niños pequeños a los que hay que explicarles todo en economía, y al que solo le falta empezar con lo de los cañones y la mantequilla, el pastel puede empezar a bajar tan rápido como el de Podemos.

Francisco Caamaño cae víctima de sus prisas

El adiós a su escaño del diputado del PSdeG Francisco Caamaño es un caso singular que refleja que a, pesar de su crisis de identidad, la política es una profesión que no se aprende en dos días y tiene unas reglas que han de ser respetadas. No se conoce un caso igual al de Caamaño, que pasó en poco tiempo de ser un jurista respetado dentro y fuera del PSOE por su prudencia y su solvencia técnica, hasta alcanzar el Ministerio de Justicia, a desembarcar en la política de partido con los argumentos y estrategias más cainitas. Demostró unas prisas incomprensibles por hacerse con el liderazgo y una notable falta de cintura política que le han llevado a perder en poco tiempo todo su crédito.

Chaves y Griñán se van antes de que los echen

Como aquel famoso periodista deportivo que presumía de haberse despedido de una emisora cinco minutos antes de que lo echaran, José Antonio Griñán y Manuel Chaves han decidido anunciar su despedida a plazos de sus escaños para así tener una salida digna antes de que su propio partido los invitara a hacer mutis por el foro. Si el Supremo acaba imputándoles un delito concreto, tendrían que haberse ido, quieran o no, mucho antes de lo que uno y otro anuncian ahora. Y si consiguieran salir del caso de los ERE sin que se les achaque un delito, estaba ya más que decidido que uno y otro no iban a repetir como senador y diputado. De modo que se trata de vender como voluntaria una salida forzada.

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