La familia detenida en Culleredo tenía esclavizados a siete indigentes

La policía afirma que los cuatro detenidos por supuestos secuestros hacían dormir a sus víctimas en chamizos bajo llave, trabajar de sol a sol y les quitaban sus pensiones

Imagen de la operación policial contra la familia que explotaba a indigentes en Culleredo.
Imagen de la operación policial contra la familia que explotaba a indigentes en Culleredo.

A Coruña / La Voz

Durante años, una familia de feriantes de Culleredo esclavizó a un buen número de indigentes. Los buscaban en la calle. Solo se fijaban en personas sin arraigo familiar, sin nada ni nadie en la vida. Los engatusaban con un trabajo, una cama y tres comidas al día. Ya bajo sus órdenes, comenzaba una brutal explotación. Amenazados de muerte y golpeados, durante el día los obligaban a jornadas laborales de sol a sol y sin descanso, y ya por la noche los metían a dormir bajo llave en caravanas o chamizos. A algunos les tramitaban las pensiones y luego se ponían como cotitulares en sus cuentas para poder ir al banco y poder cobrarlas. Eso es lo que ha descubierto la Policía Nacional, que de enero a estas fechas supo de la existencia de hasta siete «esclavos» en ese núcleo de Rumbo, en la parroquia cullerdense de Celas. Sus supuestos captores fueron detenidos este miércoles en una redada que da por concluida una operación que se inició a mediados de enero después de que un hombre de avanzada edad se presentase en la Cruz Roja para pedir auxilio y contar que llevaba 14 días retenido contra su voluntad y bajo amenazas.

Finalmente, los arrestados son cuatro miembros de una misma familia, si bien uno de ellos ya fue puesto en libertad tras declarar en el cuartel. La estancia de los otros tres en los calabozos se prolongará hasta esta misma mañana, que será cuando pasen a disposición judicial. La titular del Juzgado de Instrucción número 8 de A Coruña decidirá si los envía o no a prisión. Por el momento, en las declaraciones realizadas en la policía, todos ellos se declararon inocentes. Reconocieron, eso sí, que los tenían trabajando para ellos. Pero nunca contra su voluntad. Dijeron que jamás pusieron la mano encima a alguno y hasta presumieron de brindarles un trato «humano y bueno».

Podría ser verdad, pero también podría ser mentira, y el Grupo de Delincuencia Organizada y Violenta de la UDEV de la Brigada Provincial de Policía Judicial de A Coruña dice tener pruebas de sobra para llevarlos ante la jueza con un carrusel de imputaciones por delitos de detención ilegal, trata de seres humanos con fines de explotación laboral, lesiones, amenazas con armas, robo con intimidación, estafa continuada y otros contra la integridad moral.

La nota policial enviada ayer a los medios explicando una operación a la que no le pusieron nombre relata episodios horrendos. Cuenta que los arrestados, naturales de España y de Portugal, secuestraban «a personas especialmente vulnerables a las que sometían a tratos inhumanos y degradantes». Las víctimas, añaden fuentes de la investigación, «eran obligadas a trabajar durante jornadas maratonianas construyendo edificaciones ilegales, recogiendo leña y hasta ejerciendo la mendicidad. A primera hora de la mañana los repartían por puntos estratégicos de A Coruña, obligándoles a mendigar en supermercados, y por las noches, la misma furgoneta los recogía para llevarlos a casa y confinarlos en barracones y caravanas ubicados en sus fincas, apartadas de núcleos de población, en pleno monte de Culleredo.

Primera denuncia

Las investigaciones se iniciaron tras recibir una denuncia por parte de una de las víctimas, que pudo pedir auxilio en la Cruz Roja tras estar 14 días retenida. Esta persona de avanzada edad a la que le ofrecieron un trabajo indicó a los agentes que había más personas en la misma situación y aportó una descripción del lugar donde había estado confinado, una finca aislada en una zona rural del lugar de Rumbo, en el municipio de Culleredo. El detenido, de 27 años y de origen portugués, tal y como relató ante la titular del Juzgado de Instrucción número 8 de A Coruña antes de ser puesto en libertad por cargos, dio una versión muy distinta. Contó que conoció al hombre que lo denunció en la iglesia de San Agustín, en A Coruña. Dijo que el indigente dormía entre cartones y que un día se le acercó para pedirle trabajo. Como no tenía nada que ofrecer a un hombre ya de avanzada edad, le dijo que tenía una chabola en la conservera Celta y que ahí podría vivir. Eso sí, a cambio le tenía que dar una parte de su pensión y ayudarle con pequeñas tareas. Ese fue el trato, según confesó el arrestado. Durante las semanas que lo tuvo con él, la mayor parte del tiempo estuvo solo. Dijo que de vez en cuando le compraba tabaco y lo acompañó a distintos sitios, como a la Seguridad Social o a la Cruz Roja a pedir unos papeles. A día de hoy no entiende los motivos que llevaron al hombre a «inventarse un secuestro».

Con esos datos, la policía puso en marcha la investigación y emprendió un operativo en el que se llevó a cabo un registro del lugar, localizando a otras dos víctimas en una finca anexa. Según la Policía, «se hallaban allí contra su voluntad obligados a trabajar en régimen de esclavitud».

Después de liberar a esas dos personas, analizaron el material intervenido y se pudo descubrir que otras tres personas que habían estado en la misma situación lograron huir en fechas anteriores. Y este miércoles, cuando varios furgones policiales se presentaron en el lugar para proceder a las últimas cuatro detenciones -uno de ellos ya había sido detenido en enero y puesto en libertad con cargos como la persona que retenía al indigente que denunció su situación en la Cruz Roja-, los agentes localizaron en otra de las fincas a otra víctima que estaba siendo buscada por los investigadores.

Los arrestados son propietarios y vecinos de las fincas donde se encontraban las víctimas. Algunos de los perjudicados eran engañados inicialmente con la promesa de trabajar en ferias, pero después pasaban a estar contra su voluntad, recibiendo agresiones físicas y amenazas de muerte si intentaban escapar. Durante su estancia, en algún caso prolongada durante años, trabajaban sin remuneración ni contrato, en jornadas sin fin, construyendo edificaciones ilegales, recogiendo leña y realizando todo tipo de actividades serviles, además de ejercer la mendicidad.

«Además de recibir tratos inhumanos y degradantes», según pudo comprobar la policía, las víctimas, al terminar el día, eran encerradas bajo llave en barracones y caravanas, privados de condiciones mínimas de higiene. A todas estas prácticas denigrantes hay que sumar que, bajo coacciones e intimidación y aprovechando su especial vulnerabilidad, los acompañaban en los trámites de solicitud de ayudas económicas y en la apertura de cuentas bancarias -en las que los arrestados se inscribían como cotitulares- para ingresar las prestaciones a las que tenían derecho. Finalmente les arrebataban las tarjetas de crédito asociadas a las cuentas en las que percibían la pensión para quedarse con todo su dinero.

Tarjetas de crédito

«Los presuntos responsables de estos hechos buscaban personas especialmente vulnerables, desarraigadas socialmente, para de este modo poder ejercer un control absoluto sobre ellas y que a su vez nadie denunciase su desaparición», añaden los agentes de Policía. Se ha conocido que en una ocasión una de víctimas había conseguido escapar a Portugal, si bien fue localizada nuevamente allí y trasladada a la fuerza a su lugar de cautiverio. En otro de los casos, tras dos años de reclusión, otra de las víctimas huyó hasta que fue interceptada en la localidad de Malpica y obligada a volver a Culleredo.

El operativo ha contado con la colaboración de las administraciones locales, a través de distintos servicios municipales tanto de A Coruña, como de Culleredo y de Muxía.

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