La última patrulla de Vanessa

E. V. PITa VIGO / LA VOZ

GALICIA

<span lang= es-es >Después del tiroteo</span>. La policía toma la calle y examina la zona tras el atraco mortal del día .
Después del tiroteo. La policía toma la calle y examina la zona tras el atraco mortal del día . x. c. gil< / span>

La falta de chalecos individuales eleva los riesgos ante un asalto como el de Vigo

07 dic 2014 . Actualizado a las 11:32 h.

Vigo volvió a revivir los violentos años ochenta, cuando la droga hacía estragos y los atracadores saqueaban bancos. Una generación que acabó en la cárcel o murió, aunque quedaron algunos históricos como la banda del Peque y otros que siguieron en la brecha. En los dos últimos años no hubo ningún crimen. Pero nadie contaba con que volviese a las calles Enrique Lago, el Escayolista, un vecino de Cabral detenido por última vez en 1988. Era socio único de su empresa, Aplicaciones y Sistemas Impermeables SL, desde el pasado junio, pero estaba acuciado por deudas y embargos. Tenía un cáncer de hígado terminal y planeó saquear la sucursal de Abanca de la calle Doctor Carracido, 47, en O Calvario el viernes 28 de noviembre.

El Escayolista entra al banco. Se cree que actúa solo. La policía halló su furgoneta aparcada cerca. Lago se disfrazó con una peluca, barba blanca y se maquilló. Llega 3 minutos antes de que la oficina cierre al público y se cruza con una clienta que se queda en el cajero automático. Desprecia el aviso en la puerta de que hay videovigilancia conectada a la central, alarma automática y de que los empleados tardan en acceder a la caja fuerte.

Pide cambiar unos billetes. Dentro de la sucursal están la subdirectora, María Encarnación, otra empleada y el cajero. Otra trabajadora sale del banco en ese momento. El falso cliente pide cambiar billetes, pero las empleadas de la oficina sospechan y se hacen gestos. La trabajadora que sale del banco va a llamar a la policía.

El atracador saca la pistola . Al parecer, el asaltante exhibe una pistola eléctrica, pero la policía no la halló. Pudo ser otro objeto. Obliga a abrir la caja de apertura retardada. Pasan los minutos.

Llega una patrulla . Dos agentes aparcan su Citroën Saxo a 10 metros de la sucursal. Uno se apea y mira por la fachada acristalada del banco, según un peatón. Hay quien dice que golpeó el cristal.

Alarma policial. Cambio de turno en la policía y se oyen voces de los agentes por la emisora avisando del atraco. La agente de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR), Vanessa Lage, y el subinspector, Vicente Allo, acaban de resolver un hurto en un súper y se dirigen hacia el banco.

El atracador se enfada. Según los testigos, el asaltante ve que hay agentes en la calle y grita: «Hostia, la policía. Ahora hay dos pero pronto vendrán 50». Se sienta mientras los empleados inician la apertura de la caja fuerte. El atracador sabe que guardan el dinero para pagar las pensiones. La clienta que ve todo desde el cajero automático y la otra empleada salen a la calle.

Cuatro policías. Los conductores se asustan al cruzarse con los policías del Citroën Saxo pistola en mano en medio de la calle. Vanessa y Vicente aparcan su coche cerca y van a pie. No llevan chaleco. Se agazapan en el portal del número 47, que está contiguo a la sucursal de Abanca. Los primeros agentes ya están situados unos metros más arriba de la calle.

La subdirectora, de rehén. El atracador planea atar con bridas a los empleados, pero cambia de idea. Introduce 120.000 euros del botín entre sus ropas y agarra por el cuello a la subdirectora, que hará de escudo humano. Él porta una pistola de 9 milímetros parabellum con dos cargadores.

El tiroteo. Vanessa y otros agentes le piden calma. Un testigo dice que el atracador gritó: «Soltad las armas. Dejadme salir». El delincuente dispara al aire y la clienta del cajero huye en su coche despavorida. El Escayolista planea escapar por su izquierda pero se topa con Vanessa y abre fuego contra ella, que cae con un disparo mortal en el cuello. Se habla de otro en el pecho. Vicente recibe dos tiros en el tórax. Los vecinos se esconden. Los otros dos agentes abaten al atracador con hasta 17 disparos. La rehén, que se liberó, sale herida en un brazo, casi un milagro. Se hace el silencio.