Vázquez, el verso más suelto del PSOE

El exalcalde confirmó en V Televisión lo que era un secreto a voces, el distanciamiento con la cúpula de un partido que frenó sus aspiraciones y al que acusó de estar «lleno de okupas»


A Coruña / la voz

El alcalde socialista de los récords, que se retiró invicto de las urnas tras seis mayorías absolutas, ya no milita en el PSOE. Francisco Vázquez, embajador que fue cerca de la Santa Sede, confesó en V Televisión lo que era un secreto a voces. Dejó de pagar su cuota como afiliado el 12 de diciembre del 2012.

Hace escasas semanas, la Agrupación Socialista Coruñesa atribuía «a un problema con los cambios en los dígitos del número de cuenta» la situación de deudor de Vázquez. Lo hizo la propia secretaria general, Mar Barcón, a una pregunta efectuada por miembros del sector más díscolo con el antiguo regidor.

La declaración de Vázquez confirma lo que era un secreto a voces. Las diferencias vienen de lejos. Hubo ya quien quiso ver una venganza del zapaterismo en su salida de María Pita rumbo al Vaticano. Él siempre lo negó. «Acepté el único puesto por el que hubiera renunciado a ser el alcalde de mi ciudad», contó siempre que se le vinculó su nombramiento como embajador a un supuesto pacto de silencio sobre reyertas internas.

La distancia no fue el olvidó, pero sí una manera de agrandar las diferencias. Vázquez sintió que su legado era traicionado por sus delfines hasta entonces, Javier Losada y Carmen Marón. «Son mis sucesores, no mis continuadores», advirtió Paco en una de sus escasas intervenciones públicas cuando ya el pacto con el BNG, uno de sus grandes anatemas, se consumó para garantizar la alcaldía coruñesa a Losada.

Las diferencias con su delfín se multiplicaron. La sintonía con el entonces presidente de la Xunta, Emilio Pérez Touriño, eran también casi inexistentes. Su refugio entonces era Madrid. El presidente del Congreso, José Bono, y la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega, se convirtieron en su nexo de unión con un rejuvenecido Partido Socialista bajo la batuta de Zapatero.

Su estancia en el Vaticano sirvió para que la intensidad de sus discrepancias en materias como el aborto o la unidad de España, con el Estatut catalán y el terrorismo como principales ejes de debate, así como la sucesiva laminación de los históricos del PSOE fueron cavando un foso de diferencias que se fueron convirtiendo en insalvables.

Este amante del Corto Maltés, coleccionista de tebeos y apasionado de la historia puso sus ojos entonces en un puesto que entendía como el broche final a casi cuatro décadas de servicio público. No ocultó a nadie que le quiso oír que le satisfaría mucho ocupar la vacante de Defensor del Pueblo que dejó libre otro histórico socialista, Enrique Múgica. Hay quien asegura incluso que fue el propio Rodríguez Zapatero, con José Blanco de testigo, el que se comprometió a nombrarlo.

Sector enfrentado

Pero en plena escalada populista, el entonces presidente socialista no pudo rebajar la oposición del sector más radical de las jóvenes feministas de su partido. Alguna ministra de escaso currículo y varias diputadas lideraron una oposición silenciosa que siguió incluso cuando el PSOE fue barrido en las elecciones generales del 2011. «Mi partido está lleno de okupas», dijo entonces en referencia a la deriva ideológica experimentada por el PSOE en algunas áreas.

Francisco Vázquez vio como ese veto del sector más izquierdista de su partido se mantenía incluso con un representante de la vieja guardia al frente, como Alfredo Pérez Rubalcaba. Para entonces, las diferencias ya eran irreconciliables entre ambas facciones y hasta personas con escaso recorrido político y experiencia electoral como la coruñesa Yoya Neira, que entró como concejala en el Ayuntamiento coruñés de su mano en las elecciones de 1999 y 2003, o la ourensana Laura Seara llegaron a dudar públicamente de su carácter socialista. Para entonces, Vázquez seguía colaborando con el partido en aquellos lugares en los que se sentía querido y apreciado. Participó en la campaña de las municipales del 2011 en apoyo de la alcaldesa de Bergondo, su lugar de veraneo, y en As Pontes, donde siempre respaldó a Valentín González Formoso, su regidor, como el valor más sólido para el futuro del socialismo gallego.

Cada una de sus apariciones públicas siempre ha generado debate. Sus críticos habituales llegaron a pedir un expediente para él por asistir a una conferencia del catalán Albert Rivera en A Coruña. «Fui para felicitarle por su valiente actitud en Cataluña», dijo antes de reprochar a los que pedían su castigo su falta de interés por estudiar de cerca las claves del éxito de Ciutadans en las urnas. También fue sonada su reivindicación de la vieja política junto a otro dinosaurio socialista, el extremeño Juan Carlos Rodríguez Ibarra, en un acto organizado por el partido Unión Coruñesa para reivindicar la transición. Pero ello no le privó nunca de su declaración de intenciones: «Soy, he sido y siempre seré socialista». Ahora, añade un matiz. «Soy simpatizante, como se puede ser del Deportivo sin ser socio». Vázquez es el nuevo verso suelto del PSOE. «Solo faltaría que no pueda decir lo que pienso», avisa.

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