Un alcalde para diez meses balsámicos

GALICIA

Lo que espera Compostela de Agustín Hernández a partir de hoy no es nada extraordinario, aunque echando la vista tres años atrás pudiera parecerlo: normalidad en la gestión del Concello. Normalidad. Es también la palabra más pronunciada por el que hoy será nuevo alcalde desde que Feijoo le encargó apagar el fuego del PP en Santiago. Será una normalidad dentro de la excepcionalidad de la situación, porque excepcional es que un gobierno municipal de trece concejales tenga siete no electos, y este será el principal caballo de batalla de la oposición, que ve ilegítimo este ejecutivo. Los recursos del PSOE y el BNG, abocados al Constitucional, pueden ser una espada de Damocles para Hernández, que, pertrechado en informes jurídicos, está firme en la absoluta legalidad de la nueva etapa.

Diez meses es poco tiempo para que el nuevo gobierno pueda resarcir a la ciudad de tres años perdidos y Hernández no va a hacer milagros. El exconselleiro tiene autoridad y el respaldo total del PPdeG para enderezar el rumbo con su pulso firme y con compromisos pendientes en los despachos ministeriales. El tercer alcalde desde el 2011 inicia una carrera contrarreloj con la meta de recobrar la confianza de los vecinos en la institución y, acto seguido, intentar amarrar la alcaldía. No va a ser un camino de rosas.