Siete años resumen la carrera política de quien hasta ayer actuó como portavoz y número tres del Partido Popular de Galicia, Paula Prado, una etapa que se torció de manera irremediable cuando la jueza Pilar de Lara la puso en el punto de mira con la investigación de la operación Pokémon.
Mayo del 2009
Debut en el Parlamento. Paula Prado se estrenó como concejala en Santiago en el 2007, de la mano de Gerardo Conde Roa. Su buena relación con la cúpula del partido la catapultó al Parlamento en las autonómicas de marzo del 2009, donde se destapó con una diputada con verbo mordaz y azote de la bancada izquierda.
Abril del 2012
Alcaldesa fallida. Durante tres años, Prado compatibilizó su acta de concejala y diputada autonómica, si bien la tarea se le acumuló a partir del mayo del 2011, cuando el PP obtiene la mayoría absoluta en Santiago por un estrecho margen de 18 votos. Los escándalos no tardaron en poner contra las cuerdas al propio Conde Roa, forzado a dimitir en abril del 2012 por un delito fiscal. El nombre de Paula Prado, número dos de la lista popular, estaba en las quinielas para convertirse en la nueva alcaldesa, pero Conde Roa se encargó de abortar la operación amenazando con no marcharse. Fue sin duda el primer golpe político que recibió Prado.
Enero del 2013
Portavoz del PPdeG. Paula Prado representó el cambio más sustancia que salió del congreso celebrado por los populares gallegos en enero del 2013. Se convirtió en la portavoz del partido, técnicamente en la número tres. En su nueva faceta se destacó como látigo de la oposición y su proyección parecía imparable, pues en diciembre del mismo año el partido la nombra coordinadora de la campaña de las europeas.
Febrero del 2014
Enmudecida por el escándalo. A finales de enero del 2014, la jueza Pilar de Lara levanta parte del sumario de la operación Pokémon. Entre los folios y grabaciones que salen a la luz figuran conversaciones muy comprometidas de Paula Prado. En unas alude a los «regalos de la hostia» con los que Vendex agasajaba a los políticos. En otras cuestiona a sus compañeros de partido: «Si es Currás [alcalde] nos suicidamos». Pero sin duda las que le dan la puntilla son la que la vincula con el tráfico de influencias para la empresa de su marido o para promover a una persona a un puesto de trabajo, aparte de otra conversación en la que se jacta de haber inflado una factura de un espectáculo infantil contratado por el Concello de Santiago.