Galicia fantástica


Escuchando la noche electoral al líder del BNG daba la sensación de que el objetivo de los nacionalistas es llegar a conseguir cero votos. Solo así se puede entender el calificativo de «fantástico» con el que Xavier Vence definió el resultado, que, deprimentes números al margen, convirtió al Bloque en la ¡quinta! fuerza política en las preferencias de los gallegos. El error de los nacionalistas no es intentar ocultar de una manera tan estrepitosa tal fracaso, sino que usando el término «fantástico» huyen conscientemente (aunque ahora parece que menos...) de una autocrítica más que obligada. Pero esta ceguera poselectoral no es exclusiva del Bloque. Le ha pasado también a AGE, de golpe envejecida por sus propias cuitas internas y la eclosión de Podemos; y tanto en el PP como en el PSOE la lectura oficial de los resultados es que ni el llamado centro derecha va tan mal, pues aún son primera fuerza a pesar de los recortes, la corrupción y las promesas incumplidas, ni los socialistas tienen que darse cabezazos contra la pared porque, al fin y al cabo, la caída no es tan grande y podía aún ser peor... En palabras de Besteiro, los resultados «abren a vía para un proxecto novo e alternativo». Pero si ese «proxecto alternativo» es, como vemos, la pelea de siempre por ver quién manda... Así les luce el pelo a los «grandes» partidos. La autocrítica, palabra de moda, se ha convertido en una excusa para no hacer nada. Porque el fondo de la cuestión es que en toda esta semana ni se ha hablado de Galicia, ni de los gallegos, ni de sus problemas, como si estos de repente se hubieran volatilizado, pero están ahí: el paro, la emigración, el envejecimiento poblacional, la destrucción del tejido industrial... No ha habido ni un gesto por parte de los dos grandes partidos, y el mea culpa entonado por Feijoo («Os asuntos relativos á corrupción teñen un peso») se quedó en eso: basta ver al alcalde de O Porriño. Ha quedado claro que no es que estos políticos no puedan. Lo que pasa es que no quieren. He aquí el panorama de la política gallega, y de Galicia. Y su futuro. Parafraseando a Vence, fantástico. O sea, para echarse a temblar.

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