Sí, podemos

GALICIA

¿Es buena la educación gallega? ¡Depende! Hace treinta años, escuché cómo una madre cuya hija iba a cursar 8.º de EGB (13 años) le decía a la niña mientras compraban los carísimos libros: «Con estos precios, el año que viene dejas de estudiar y te pones a fregar»; y poco antes, una maestra llamaba «imbécil» a una niña de 9 años recién llegada a una ciudad y que tenía tanta vergüenza que no atinaba a contestarle desde el encerado.

¿Es mejor la educación hoy? Sin duda. Pero comparaciones aparte, no es buena. En la fase infantil, los niños disfrutan de una forma de aprender que la primaria les va coartando conforme aparecen los libros de texto, los deberes y los exámenes. En secundaria, poco queda del espíritu de aventura que se vive en cada aprendizaje. El sistema no anima y muchos profesores dejan de luchar y se conforman con dar clases magistrales que los aburren hasta a ellos.

Mejorar es obligatorio. Y hacen falta dos cosas: valentía y dinero. Valentía para pactar una ley, es decir, una norma de mínimos sin tentación de adoctrinamiento en ningún sentido; valentía para exigir a los profesores en la misma medida que se les da, pues están bien notas altas de acceso, carreras duras y actitud trabajadora, pero también sueldos y prestigio en consonancia y colegios autónomos; valentía para romper con la esclavitud que imponen los currículos y, por extensión, los libros de texto físicos, que devienen en espada de Damocles para quienes piensan en fijar los conceptos de otra manera; valentía para imponerse a las costumbres y organizar cursos obligatorios formativos durante las mañanas del apático mes de julio; valentía para enseñar de otra manera, combinando la música, la oratoria y el dibujo con las matemáticas, y descubrir lo que se sabe por ejemplo en el fútbol, que un buen delantero no tiene por qué ser un buen portero, pero en cambio ambos pueden convertirse en excelentes deportistas y llegar a lo más alto.

Y el dinero es fundamental para que el mundo digital entre en todas las aulas; para que la baja de un profesor no suponga que el resto dejen de preparar sus clases; para que los cursos sean impartidos con tiempo y profesionales de prestigio; para que haya premios a los que obtengan mejores resultados y para que puedan contarlo al resto...

Es difícil, pero en EE.?UU. gobierna un hombre negro, y eso también lo era, ¿no?