Feijoo y Rajoy mantienen un acuerdo tácito por el cual el presidente del Gobierno tiene garantizada la fidelidad del líder del PPdeG
13 ene 2014 . Actualizado a las 13:32 h.Que en plena crisis económica hubiera disensiones en el PP por la financiación autonómica entraba dentro de lo previsible. Lo que desconcierta es que un partido que gobierna con mayoría absoluta entre en una especie de guerra de guerrillas en la que todo el mundo se siente autorizado para cuestionar las decisiones que toma el Gobierno. No se ha visto un caso igual. Resulta que después de haber conseguido lo más difícil, es decir, que los barones populares aceptaran casi sin rechistar que se les recorte la financiación, Rajoy ha terminado convirtiendo su partido en una avispero político por no consensuar con los suyos una medida como la reforma de la ley del aborto, que nada tiene que ver con la crisis económica.
Teorías sobre lo que está sucediendo en el PP las hay para todos los gustos. Desde que Gallardón va por libre y ha conseguido hartar hasta a Feijoo, con el que otrora conformara el dúo de los Albertos, conocido por su discurso tolerante, que incluía el respeto a los matrimonios gais cuando la cúpula popular los repudiaba, hasta que Rajoy ha forzado a Gallardón a impulsar esta reforma para destruir su perfil moderado y mermar sus aspiraciones a la sucesión.
Lo cierto es que hasta a Rajoy le ha sorprendido el grado de contestación interna a una reforma que, aunque se le haya podido ir de las manos, figuraba en su programa electoral. Y sorprende también que sea Feijoo el que encabece esa especie de rebelión sin estar tan condicionado para ello como lo puede estar por ejemplo el extremeño José Antonio Monago, que al fin y al cabo gobierna gracias a los votos de IU. Pero para comprender por qué el presidente gallego levanta la voz hay que entender dos claves. La primera es que Feijoo y Rajoy mantienen un acuerdo tácito por el cual el presidente del Gobierno tiene garantizada la fidelidad del líder del PPdeG sin que ello le impida desmarcarse de vez en cuando del discurso oficial para crearse su propio perfil político. La segunda es que Feijoo ha terminado harto de asumir medidas que tienen un fuerte coste en imagen para que luego lleguen otros barones del PP y se nieguen a aplicarlas en sus respectivas comunidades sin que ocurra nada y sin que se les llame al orden. La gota que colmó el vaso llegó cuando nada menos que la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, se negó a aplicar en Castilla-La Mancha, comunidad que preside, el copago farmacéutico. Antes lo habían hecho los presidentes populares de Baleares, Comunidad Valenciana, Extremadura, Castilla y León y Madrid.
El mensaje que lanza Núñez Feijoo es bastante claro. Si Mariano Rajoy no es capaz de forzar a otros barones a asumir una medida tan impopular como el copago, que él sí aplica, nadie puede obligarle a tragar con una ley del aborto que no comparte y que tiene un fuerte coste electoral.
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