Caso Asunta: Secreto de sumario y secreto de familia


El juez instructor ha levantado el secreto de sumario por el asesinato de la niña Asunta Basterra Porto. Lo ha levantado para las partes, aunque el imaginario colectivo ya da por hecho -basándose en la experiencia- que se ha levantado para todo el mundo, y no sería extraño que acabara siendo realmente así. Lo que sí ya se conoce es el contenido del auto que el juez Vázquez Taín dictó para levantar el secreto de la investigación. El juez acusa a la madre de ser la autora material del asesinato de la niña en connivencia con el padre, que, según la hipótesis de la investigación, le habría proporcionado altas dosis de Orfidal para favorecer el acto criminal. Se señala igualmente al padre como responsable de suministrarle a la niña en varias ocasiones, cuando pernoctaba en su casa en las semanas anteriores al asesinato, elevadas dosis de este mismo sedativo. La investigación considera esto un posible ensayo del crimen que, si resulta cierta esta hipótesis, sería calculado y planificado con antelación por ambos padres.

La necesidad de que algo enigmático cobre sentido puede llevarnos a pensar que un mismo comportamiento responde a una misma intención, pero no siempre es así. El ser humano tolera mal la ausencia de sentido y, donde no lo encuentra, lo intenta añadir. Que la niña fuera sedada con el mismo fármaco con antelación y en el momento del crimen no implica forzosamente que la finalidad buscada fuera la misma. Evidentemente, la lógica policial y judicial no debe responder de otras motivaciones que la de probar hechos, responsabilidades y sus implicaciones penales, lo que no quita que, ante la inquietud que nos provoca un acto criminal de esta naturaleza, se incremente la necesidad de una explicación. Por eso las hipótesis se sucedieron desde el primer momento, comenzando por el móvil económico que se reveló falso. Estas hipótesis se alimentan de la necesidad subjetiva de entender, de encontrar una razón que nos deje tranquilos.

El levantamiento del secreto de sumario puede favorecer la idea de que ya hay una hipótesis plausible. Es posible que esto sea verdad respecto de la autoría material del crimen, pero no tanto respecto de las causas. Con relación a estas últimas, el auténtico secreto a levantar sería el secreto de familia. Ese al que apunta la conversación entre los padres, grabada por orden del juez, en la que la madre de la niña le dice al padre: «Tú y tus jueguecitos [...] ¿Te ha dado tiempo a deshacerte de eso?». Él responde: «Calla, que a lo mejor nos están escuchando».

Ahora sabemos que un teléfono móvil y el ordenador del padre han desaparecido. El enigma que encierra esta conversación, que evoca un secreto de familia, no lo puede despejar ningún juez. Solo lo puede levantar la ruptura del pacto de silencio. El levantamiento de ese secreto posiblemente podría ayudar a entender todo mucho mejor que la investigación mejor llevada, y que la causa mejor instruida.

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