Desde muy pequeños soñaban con tener coche para moverse los fines de semana. Por eso en cuanto cumplió los 18 años, Pedro sacó el carné de conducir. De esta manera no tendrían que volver de fiesta en el coche de algún amigo, en el bus o incluso en taxi. Pero el destino quiso que aquel sueño acabara en tragedia. Oza-Cesuras se despertó ayer conmocionada. Los dos jóvenes muertos, de 16 y 19 años, eran muy conocidos. También los otros tres que iban en el vehículo, porque los cinco formaron una pandilla desde bien pequeños. La escasa diferencia de edad que los separaba hizo que incluso algunos de ellos coincidieran juntos en clase.
Las dos víctimas mortales vivían a escasos kilómetros el uno del otro. Oza-Cesuras es un ayuntamiento muy grande en extensión pero cuenta con núcleos de población muy pequeños. En Dordaño, de donde era José, apenas hay veinte casas. A un kilómetro de allí, se encuentra el centro de Cesuras, que ayer parecía un pueblo fantasma. No había nadie en la calle. No había ganas ni de salir a ver el partido. En uno de los dos bares que hay en la zona, solo tres personas veían el Atlético de Madrid y otras dos en la barra charlaban sobre lo ocurrido. Se hacían preguntas sobre cuál había podido ser el motivo, porque Pedro era «un chaval muy prudente». Muchos vecinos se acercaron ayer a su casa para acompañar la familia. A última hora de la tarde, había más de una decena de coches aparcados en la puerta. La familia de Manuel también era muy querida. Su padre era chapista, trabajaba en el taller Campaña, en Betanzos.
Quienes los conocían no tenían consuelo. «Eran muy buenos chavales», repetían sus allegados. La junta gestora del municipio de Oza-Cesuras ha decretado tres días de luto oficial, y las banderas de los edificios públicos ondearán a media asta en señal de duelo.