Tres pájaros de un tiro

GALICIA

15 oct 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Que los diputados deben cobrar y tributar de la misma manera que lo hace todo hijo de vecino es una obviedad que nadie discute, y por eso conviene recordar que las anomalías hasta ahora detectadas no provienen de que alguien se haya atrevido a cuestionar este principio, sino de que los políticos españoles sienten mucha vergüenza por cobrar y por pagarle a sus colegas, y hacen juegos malabares con las dietas y otros emolumentos para poder mentirle a los ciudadanos y decirle que sus sueldos son muy modestos.

De ahí se deduce que yo estaría plenamente de acuerdo si la última ocurrencia -¿o maniobra?- de Feijoo consistiese en pasar todos los emolumentos a sueldo, someterlo todo a tributación, y echar las cuentas precisas para que los diputados siguiesen cobrando un sueldo digno y tributando por él. Pero es evidente que la medida discutida estos días no tiene nada que ver con la tributación, sino con la manía de confundir la ética política con los sueldos cutres, dando a entender que si todos cobran menos y se avergüenzan de lo que cobran, y si luego se financian en negro y cobran sobresueldos en B, la política es más ética y los ciudadanos, que son todos tontos, estarán más contentos.

Por eso sospecho que Feijoo, obsesionado con las cuentas públicas hasta extremos enfermizos, quiere hacer una jugada que le permita matar tres pájaros de un tiro: reducirle el sueldo a los diputados para que se reduzca también su actividad; presumir de recortador galáctico y de que los sueldos de hoy están al nivel de 1995; y preparar a la banda del PP para una atrabiliaria reducción del Parlamento de Galicia al nivel de la planteada por Dolores de Cospedal en la región de Castilla-La Mancha. Y por eso me quiero manifestar contra esos tres disparos que más parecen disparates: ni reducir salarios, ni reducir Parlamento, ni presumir de ahorros estúpidos a costa de la eficiencia. El trabajador -aunque sea político- es digno de su salario. Y no pagarlo, para presumir de ética, es una inmoralidad.