Y al cuarto día rompió a llorar

El asesino confeso de los mellizos se derrumbó tras tres das de frialdad

Un abogado habla con el acusado en el momento en el que este perdió el control y se puso a llorar durante la sesión de ayer.
Un abogado habla con el acusado en el momento en el que este perdió el control y se puso a llorar durante la sesión de ayer.

a Coruña/ la voz

Aguantó tres jornadas impertérrito, con una frialdad asombrosa. Pero al cuarto día no pudo más. Cuando el público entraba en la sala, Javier Estrada empezó a llorar. Primero fueron lágrimas. Luego, gemidos. Y, poco después, se quebró en sollozos. Los nervios del autor confeso del crimen de los mellizos se habían desatado. Ni siquiera la medicación que está tomando pudo frenar el llanto. Había perdido el control.

A la vista de la situación, su abogada, Lucía Rama, pidió que se desalojase la sala, la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de A Coruña, adonde se trasladó el procedimiento esta semana. Aún no había arrancado la vista. La letrada habló unos segundos con él para poder iniciar la sesión. «Me dijo que no podía aguantar la presión y se derrumbó», explicaba al término de la vista, penúltima ya del juicio. A él se le acusa de matar a los dos hijos de su expareja. «Quiere que acabe esto. No lo soporta más», añadió la abogada.

Restablecida la normalidad, siguieron cinco horas continuadas de preguntas y más preguntas. Ante los magistrados desfilaron facultativos, amigos de la pareja, compañeros de trabajo y varios policías. Javier lo escuchó todo encorvado, con los codos en los muslos y una capucha sujeta con las manos para taparse el rostro. Aparentemente impasible, visto de espaldas. De frente, según señalaron los abogados, se le pudo ver descompuesto por momentos. En otros, llorando de nuevo.

A su lado, la otra acusada, Mar Longueira, su expareja y madre de los mellizos, la que supuestamente consintió años de malos tratos sobre los pequeños. Tuvo que escuchar cómo el psiquiatra que la trataba dijo que, tras el doble homicidio de sus hijos, prevalecía en ella el miedo a ir a la cárcel sobre el dolor de haber perdido a sus pequeños. «El temor de que la involucrasen estaba en primer plano, lo otro estaba soterrado», señaló el facultativo. Antes, le había dicho a la fiscala que Mar tenía «la idea de que esa pareja [Javier Estrada] se podría cansar y dejarla sola». No obstante, al término de su intervención concluyó con claridad: «Ella no se imaginaba nunca que algo así pudiera pasar».

Otro de los testimonios interesantes de la jornada lo ofreció la pediatra de Alejandro y Adrián, los mellizos asesinados. Frente a las sospechas de malos tratos y la supuesta permisividad de Mar Longueira ante ellos, ofreció su punto de vista contrario. «Nunca encontré en ellos ningún signo de maltrato», afirmó destacando que los críos «eran alegres, juguetones y sin nada raro», hecho que no cambió después de que Mar iniciase su relación con Javier.

Sin embargo, sí que se produjo una variación: la pediatra remitió a los niños a la unidad de salud mental. La fiscala quiso sacar punta. «¿Si todo iba bien y no hubo ningún problema, por qué creyó que tenían que ir a un psicólogo?», preguntó. «Llegaba una persona nueva al hogar. Por eso los mandé, para que les diesen unas pautas de comportamiento», fue la contestación.

Retraso mental y trastornos

En la sesión declararon dos psiquiatras de la Universidade de Santiago sobre la salud mental de Javier Estrada. Frente a las médicas forenses que intervinieron el jueves, que dijeron que «en el momento de los hechos no hubo una desorganización psíquica», los dos especialistas mostraron otra cara de la moneda. En primer lugar señalaron que, tras someter al acusado a un estudio, llegaron a la conclusión de que tiene un coeficiente intelectual del 60 %, lo que equivale, según ellos, a un retraso mental leve. Esto lo situaría al nivel de un niño de entre 9 y 12 años. Ahí, para un adulto como Javier Estrada, «es muy frecuente el descontrol conductual, la dificultad de control de impulsos y la generación de frustración». También aseguraron que el acusado presenta un trastorno paranoide con ideas negativas de terceros hacia él, así como una «clara dificultad de controlar los impulsos».

¿Cómo pudo influir todo este cuadro? «Si el patrón es suficientemente intenso puede llegar a producir daños a sí mismo o a terceros», planteó uno de ellos. Y a la fiscala -que puso en duda las conclusiones hechas «con documentación aportada por la defensa»- le explicó que personalidades como la de Javier pueden generar «estallidos de violencia».

El abogado de Mar Longueira, Víctor Bouzas, llamó a declarar a los dueños del restaurante en el que trabaja su defendida. La estrategia era clara: demostrar la preocupación continua de su defendida por los niños. Eso lo acreditaron indicando que, constantemente, los llamaba por teléfono desde el trabajo para ver cómo se encontraban. También señalaron que en varias ocasiones pidió horas libres de su jornada para poder llevar a los pequeños al médico.

Hoy tendrá lugar la última sesión del juicio de los mellizos. Está previsto que declare Marta Sánchez, la examiga íntima de Mar Longueira que, con el tiempo, viró radicalmente su actitud hacia ella.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
3 votos

Y al cuarto día rompió a llorar