Es difícil encontrar un verano como el actual con las tablillas de los aeropuertos gallegos tan nutrida. Al carrusel de destinos que ya acumulan Lavacolla, Peinador y Alvedro han sumado en la temporada que ya concluye rutas como la de Ámsterdam, Londres, Sevilla y a la práctica totalidad de las islas. Pero la diversidad no es en tráfico aéreo sinónimo de crecimiento en el número de usuarios. Galicia sigue dependiendo en gran medida de sus conexiones a Madrid y Barcelona para que aeropuertos como el de A Coruña y Vigo se sigan saltando la barrera de los 500.000 pasajeros, por debajo de la cual Aena acaba de crear una división con menos servicios. La desaparición en enero de Spanair y el descalabro que esa ausencia ha generado en las estadísticas aeroportuarias gallegas es la muestra clara de esa dependencia respecto a Madrid, sobre todo, que corre el peligro de sufrir más caídas, si la nueva fuga de aerolíneas, como la prevista por Easyjet en Alvedro, vuelve a dejar esa ruta sin competencia y casi como un monopolio.