Gallegos que protagonizaron las protestas hablan un año después
12 may 2012 . Actualizado a las 21:21 h.Parecía que se habían ido. Pero no. Han seguido trabajando, regando la semilla de la indignación y regresan ahora con el revival 15-M, porque este fin de semana habrá movilizaciones en toda Galicia. Un año después, gallegos que participaron activamente del movimiento en las siete ciudades revisan cómo fueron aquellos días y cómo pueden ser los que vendrán. ¿La frase más repetida?: «El 15-M cambió mi vida».
Pepe (Lugo)
«Es moralmente obligatorio desobedecer las leyes injustas». Pepe, 32 años, trabajaba como veterinario cuando estalló el 15-M. Como tantos, fue abducido por aquella fuerza que conectaba a la gente: «Todo se vivía con muchísima ilusión», recuerda ahora. Un año después, ha perdido su empleo y dedica parte de su tiempo a mejorar su formación. Pepe tiene una conversación larga y fluida; ha permanecido pegado al movimiento durante todo este año y no se le ha escapado ni un gramo de ilusión: «Claro que se han conseguido cosas. Sobre todo se ha empezado a despertar una conciencia colectiva. Y la degradación del sistema continuará y provocará necesariamente cambios». «Tu vida cambia, por supuesto», admite el joven activista: «Pasas de un estado de apatía, en el que siempre piensas que no puedes hacer nada, a otro en el que te das cuenta de que se puede cambiar la realidad». Con esa fuerza sigue adelante y defiende la herencia de aquellos días: «Se están haciendo muchas cosas, aunque no tadas tengan la misma visibilidad. Pero esto es una carrera de fondo y un año es muy poco tiempo. Me conformo con saber que mucha gente empieza a entender que es moralmente obligatorio desobedecer las leyes injustas».
15-M (Ferrol)
«Valoro más mi dignidad». En Ferrol tienen que ser todos o ninguno. Así que hablamos al estilo 15-M, sentados en corro en la plaza de Armas. Una docena de personas de edades y procedencias diversas evocan el espíritu que les llevó a tomar el espacio público como una zona de debate, reflexión y reivindicación. «Todos hemos cambiado», expone una joven: «Yo ya no estoy dispuesta a aceptar un trabajo a cualquier precio. Valoro más mi dignidad». El grupo asiente, reunido para resucitar la conciencia que despertó el año pasado: «Houbo xente que nos dixo que non se recordaba en Ferrol unha protesta así dende 1972», incorpora con orgullo otra de las mujeres que forman el corro. El grupo no se conocía antes del 15-M. Ahora son una piña. Una mujer dice que ha aprendido a informarse; otro cita la rebelión contra los desahucios, las protestas crecientes: «Cambias porque te sientes útil». Otro miembro del corro acaba tocando una tecla que se repite en cada conversación: de repente, toda aquella gente se sentía escuchada, comprendida y útil. Una sensación socialmente aletargada.
Cris (Santiago)
«Creo que foi bo para todos». Cris lía un cigarrillo mientras la tropa del 15-M da los últimos toques a algunas de las pancartas que sacarán estos días a la calle. Tiene 27 años y el 15-M no lo cogió por sorpresa: «Nós xa estabamos organizando a manifestación, pero foi unha tremenda sorpresa cando apareceron 2.000 persoas». Narra la efervescencia de la acampada, las asambleas, micrófonos abiertos y opinión libre. Consensos, acuerdos. La democracia. Y la solidaridad. «Pero pasa o tempo e empezas a ver as cousas con perspectiva. Só temos unha traxectoria dun ano». Cris dice que todo aquello le sirvió para recuperar la confianza en la gente: «Vin como grupos grandes podiamos chegar a cousas comúns. Creo que foi bo para todos».
Igual que el resto de los entrevistados, admite que, un año después, la situación socioeconómica es peor. «Pero se antes nos mobilizabamos catro, agora somos vinte. Algo cambiou e hai que ir pasiño a pasiño».
Sabela (Pontevedra)
«Fue como encontrar mi sitio». A Sabela, 35 años, el estallido la cogió en el hospital. Cuando salió, unos días más tarde y llegó a la Peregrina, se enredó hasta el fondo: «Dormía en mi casa. Pero todo el tiempo libre lo pasaba allí». En el trabajo la amenazaron con despedirla si seguía vinculada a la acampada. Pero ella dijo que su tiempo libre era de su propiedad. Y la despidieron. «Bueno, al cabo de un mes encontré otro empleo». El relato dibuja el mismo paisaje de retroalimentación de emociones entre desconocidos. Muchas horas juntos, muchas verdades, mucho en común: «Era todo muy horizontal. Fue como encontrar mi sitio». Ha seguido vinculada al movimiento todo este año: «Yo creo que se ha producido un despertar en mucha gente. Y hay expectación por lo que pueda pasar estos días».
Óscar (Ourense)
«Súbeche a moral». Óscar, 31 años, se acercó a la acampada a hacer unas fotos y se quedó: «Empecei a participar e vía como chegaba máis xente cada día. Súbeche a moral, ves que non estás só. Foi moi emocionante». Óscar sí admite un poco de decepción: «Había moita xente que vía un cambio moi cerca. Pero está claro que as cousas non ían cambiar dun día para otro». Él también permaneció y se ha mantenido unido a la actividad de la plataforma. Cree que las cosas están cambiando: «O rei pediu perdón, esíxeselles máis aos bancos... Creo que o sistema empeza a tambalearse. A pena é que o cambio non sexa máis rápido. O mellor, que todo fora tan aberto, o trato humano, algo que eu botaba moito de menos. E o roce da democracia».