Las sensaciones no engañan. Casi la mitad de los gallegos opinan que las Administraciones -obsérvese el plural- están actuando entre mal y muy mal en relación con el sector naval. Y no es un sector cualquiera. Las economías necesitan singularidades para hacerse un sitio en mercados altamente competitivos. Galicia podría aspirar a convertirse en exportador de arroz, pero parece que las condiciones naturales -a las que se ha ido acumulando experiencia y conocimiento- son más propicias para que la construcción de buques y otros artefactos sean una de las señas de identidad de la economía del país.
Pero eso para las Administraciones carece de valor, más allá de declaraciones de intención y acuerdos parlamentarios que se quedan en el papel (mojado) de los diarios de sesiones. Porque si los Gobiernos le diesen el valor estratégico que tiene para España y para Galicia (Vigo, en el sur, Ferrol, en el norte) no llevaríamos treinta años hablando de una crisis crónica. Demasiado tiempo para que todavía un 35 % de los encuestados respondan que no saben de qué se trata. Síntoma de que hacen falta, además de decisión política para sacar a los astilleros del atolladero, acciones pedagógicas para que valoremos nuestras potencialidades.
Si solo un 7,2 % creen que la gestión de las Administraciones es buena, deberían estas pensar qué hacen mal. Y no errarían si reparasen en que a los ciudadanos les irrita bastante que traten de esquivar la responsabilidad cargando la culpa en el que ya no está. El PSOE no tiene munición moral para decir que si los astilleros están al borde del colapso es por la inacción del PP, que lleva cien días gobernando. Pero el PP no puede escurrir el bulto afirmando que el drama lo consumó Zapatero. Así, acabaremos haciendo solo barcos de papel. Mojado.