La joven Andrea Molanes, de Cangas, ya anda y va a clase al instituto
19 ene 2012 . Actualizado a las 11:17 h.La fe de sus padres hizo el milagro, el Milagro de Andrea, como tituló su padre el blog en el que contó el día a día de su hija a partir del momento en el que, por motivos aún desconocidos, se quedó inconsciente flotando en el mar a pocos metros de la playa canguesa a la que había ido a bañarse con las amigas. «¿Un milagro? Yo no creo en milagros, creo en la medicina», afirma rotunda la madre de la joven, Noelia Cortizo.
Fue el 20 de mayo del 2010. Andrea pasó tres meses en la uci, en coma, conectada a un respirador, y otro más en planta, en estado vegetativo. Sus padres no tiraron la toalla. Le ponían música. Le hablaban. «Nadie daba un duro por ella, pero yo sabía que iba a despertar. No sé si es amor de madre o qué», dice Noelia Cortizo. «Me dijeron que me hiciese a la idea de que si despertaba, sería otra hija. Para nada. Es la misma Andrea», añade.
Hoy, Andrea anda, habla, lee, va a clases se enseñanzas básicas en el instituto en el que estudiaba tercero de secundaria cuando sufrió el accidente, el IES Rodeira. La profesora de Lengua, Josefa Chana, afirma que nota una «melloría tremenda». Está convencida de que podrá cursar la ESO. «De tonta non ten un pelo. Só ten que querer», asegura.
En un año pasó de ser una adolescente extremadamente delgada y totalmente dependiente, sentada en silla de ruedas, con pañales, a convertirse en una chica que a pocos meses de cumplir los 18 años, con un metro ochenta de estatura, lucha día a día por recuperarse totalmente. «Quiero ser la que era», le dice a la madre.
Muchos avances
Sigue acudiendo a diario a rehabilitación al hospital Povisa, en Vigo. Cada mañana la recoge la ambulancia a las diez. Andrea quiere rendirle un homenaje al sanitario y exige al periodista que cite en el reportaje «al mejor ambulanciero del mundo», a Juan Antonio, Yuyo. «Ponlo, ponlo. Se lo prometí».
Corre y anda en bicicleta en las sesiones de fisioterapia. Aprende a respirar bien y a mejorar la dicción con la logopeda y hace también terapia ocupacional, en donde realiza ejercicios de coordinación. Estos días está lavando platos, atándose cordones o cerrando cremalleras. Por las tardes, ya en Cangas, tras las clases en el instituto, acude a la psicóloga Ruth Pérez para activar el lóbulo frontal. Para ella, el principal problema son los brazos a causa de la calcificación de los codos. «Si no me operan antes de Semana Santa»... bromea. Los especialistas de Povisa estudian la posibilidad de operarla y Andrea está impaciente. «Estoy bien, pero no me dan operado de los codos», insiste.