La técnica y dos voluntarios recorren plazas y parques dos noches por semana
18 dic 2011 . Actualizado a las 10:50 h.Una docena de bocadillos, un termo de café y botellines de agua son las herramientas con las que, los martes y los jueves por la noche, una técnica y tres voluntarios de la Cruz Roja recorren calles, plazas y parques de Lugo. La meta del equipo es contactar con las personas que están sin hogar en la ciudad amurallada para ofrecerles apoyo social y educativo, tal y como explica la educadora social Patricia Castiñeira, que coordina el grupo de calle del programa Sen Teito.
-¿Se muestra receptiva la gente que está en la calle?
-El café y el bocata son la excusa para que nos dejen acercarnos a ellos y que nos den la oportunidad de ver qué necesidades tienen. Mucha gente que está en la calle está muy quemada, no se fía de nadie, y el hecho de que les brinden algo ya les da confianza. Es una forma de romper la especie de barrera invisible que los separa del resto de la sociedad y de entablar conversación con ellos.
-¿Qué viene después del café?
-Porque tú les ayudes a comer una vez al día no van a salir de la calle. Eso no se consigue de un día para otro. Queremos que tengan información sobre los recursos asistenciales que hay porque muchos no los conocen, y tratamos de orientarlos de manera personal porque cada uno tiene una historia diferente.
-¿Qué les brinda la Cruz Roja?
-Un servicio de ducha y lavandería, que para muchos supone la única oportunidad de asearse y de lavar la poca ropa que tienen. También les damos el desayuno. Además, un día a la semana se entregan productos de higiene básicos, como cuchillas de afeitar, compresas o preservativos, y vales para el comedor social y para el ropero de Cáritas. Queremos que los transeúntes que deseen reinsertarse no pasen tanto tiempo en la calle. -En el centro de Lugo se ven desde jóvenes a ancianos enfermos. ¿Hay un perfil?
-Necesitaríamos un año para analizar a fondo la realidad [el grupo de calle arrancó recientemente, el pasado mes abril], pero se puede decir que la mayoría son hombres de entre 35 y 50 años y que en algunos casos tienen estudios altos e incluso idiomas. Casi todos proceden de otros puntos de Galicia y de España, como Barcelona, pero también hay gente de Bulgaria, de Bélgica o de Polonia. Ahora hay gente que tuvo una vida normal y está en la calle por la crisis.
-¿Cómo logran subsistir estas personas?
-Algunos tienen una paga pequeña, pero la mayoría no tienen nada, otros tienen que pedir... De noche suelen dormir en pensiones, en pisos compartidos o en el albergue municipal, pero también hay gente que habita en casas abandonadas, viviendo en muy malas condiciones.
-¿Es difícil que se reinserten después de vivir este tipo de situaciones?
-La vuelta a la normalidad es complicada porque la mayoría tienen el DNI caducado, no tienen tarjeta sanitaria, están sin empadronamiento... y hay que empezar desde cero. Es cuestión de tiempo. Lo que sí notamos ya es una mejoría en la calidad de vida de las personas con las que hemos contactado.