13 jul 2011 . Actualizado a las 06:00 h.
El alcohol mezcla mal con el volante. La perogrullada no es nueva, pero no está de más recordarla. Beber es una decisión individual, pero de ella dependen vidas cuando uno decide desafiar el peligro que supone conducir con unas copas en el cuerpo. «Solo me tomé dos cervezas» es una de las excusas más recurrentes cuando uno se enfrenta al soplímetro. La excusa muchas veces no resulta creíble, aunque algún incauto intente salvar los euros y los puntos. Los balances de tráfico así lo confirman. Apelar al respeto a la vida propia debería ser un argumento convincente para evitar el alcohol al volante. Pero más rotundo aún debería ser el respeto a la vida ajena.