Bautizar a una borrasca cuesta 199 euros, 100 más si es un anticiclón
07 mar 2011 . Actualizado a las 06:00 h.En enero del 2009, una ciclogénesis explosiva barrió Galicia dejando a su paso una racha de viento récord de casi 200 kilómetros por hora, a miles de vecinos sin luz durante días y un reguero de daños millonarios. Al famoso ciclón extratropical se le bautizó entonces como Klaus. No era el nombre de pila del primer meteorólogo que lo vio formarse en la pantalla del ordenador, sino el que tocaba por turno en la lista que cada año elabora el Instituto de Meteorología de la Universidad Libre de Berlín con los nombres elegidos por las personas que quieren apadrinar una borrasca o un anticiclón que afecta a Europa.
Desde el 2002, año en el que se puso en marcha este servicio (www.met.fu-berlin.de/adopt-a-vortex/), cualquiera puede bautizar ciclones, aunque no es gratis: las borrascas valen 199 euros y 299 los anticiclones. La diferencia de precio estriba en que las bajas presiones duran menos que las altas y, por ello, no aguantan tantos días en los mapas del tiempo. El dinero recaudado, según los meteorólogos alemanes, se destina a seguir estudiando la atmósfera y a la observación del clima. Hay algunas reglas más: no se admiten apellidos o nombres de empresas y en los años impares, como este, los anticiclones llevan siempre nombres femeninos, y las borrascas, masculinos (en los años pares la regla se invierte).
Sin referencias gallegas
Precisamente, la última borrasca que azotó Galicia, a mediados del pasado mes de febrero, fue Quirin, aunque se podría haber llamado Brais o Iago. Janina e Isabella son los últimos anticiclones en activo en Europa, pero también podrían haber sido Maruxa y Uxía. Pese a que un millar de personas de 15 países ya han bautizado altas y bajas presiones, en los archivos germanos todavía no consta ningún nombre gallego. El que más se aproxima es un Ulla que espera su turno para convertirse en anticiclón, pero no hace referencia al río gallego: pertenece a una mujer llamada Ulla Wagner.
Los nombres que vende la Universidad Libre de Berlín no son oficiales -solo lo son los que asigna la Organización Meteorológica Mundial para los huracanes en zonas tropicales (Mitch, Ivan, Katrina)-, pero ya los usan tanto otros servicios meteorológicos como los propios medios de comunicación. «Son útiles. En las zonas tropicales puede haber dos o tres sistemas activos y de cara a la población ponerles nombres viene bien para identificarlos más rápidamente. Aquí, en Europa, yo creo que la ventaja es más a posteriori. Nos vamos a acordar mejor de una gran borrasca si la llamas Klaus que si dices que fue aquella que en enero del 2009 tiró árboles por toda Galicia», explica Juan Taboada, de MeteoGalicia.
Por ello, por cuestiones de memoria, para algunos meteorólogos bautizar cualquier borrasca por pequeña que sea resta relevancia a aquellas cuyos efectos han sido realmente dañinos. «Es razonable singularizar e identificar fenómenos extraordinarios como Klaus o Xynthia, pero no se puede generalizar», señala Lino Naranjo, predictor de MeteoGalicia. «De hecho -añade- los nombres de los huracanes que dejan muertos o son muy devastadores se retiran de la lista».
Confusión
Desde la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), su delegado en Galicia, Francisco Infante, reconoce que «internamente usamos los nombres que se dan desde Alemania porque es cómodo, aunque a veces tanto nombre es confuso». Esta es otra de las críticas al apadrinamiento indiscriminado: el nombre de una borrasca europea puede llegar a coincidir con algún sistema tropical. «Ocurrió el año pasado con Paula, una ciclogénesis aquí y un huracán en el Caribe. Hubo quien pensó que eran el mismo fenómeno», recuerda Taboada.