Carnés de conducir desde prisión

Pepe Seoane OURENSE/LA VOZ.

GALICIA

El centro penitenciario ourensano de Pereiro ofrece a los internos clases para preparar el examen teórico y cursos de sensibilización en seguridad vial

22 sep 2010 . Actualizado a las 03:10 h.

Es sabido, al menos en medios penitenciarios y policiales, que la cuarta parte de los reclusos españoles saben conducir y maneja automóviles de forma regular, pese a carecer de permiso. Para la teoría bastaban las indicaciones de algún colega y las enseñanzas de la televisión y el cine; para el práctico, qué decir, las opciones al alcance de la mano eran muchas: podían ser coches propios o no, pero era fácil aprender. Ahora, desde la cárcel, a algunos presos les está siendo posible superar esta carencia. Pagando por ello, naturalmente.

La vida muchas veces desordenada, sin tiempo para acudir a una autoescuela, con el pánico escénico que muchas personas manifiestan ante la perspectiva de someterse a un examen, hizo que el número de conductores sin carné fuese cada vez mayor entre la población reclusa. Tras la experiencia en los centros Madrid 1 y Pereiro, estudiar en prisión y obtener el carné es más fácil. Tiempo para prepararlo no falta. En Ourense son diecisiete los presos que hasta ahora lo han logrado, con un 73,9% de éxito en las dos primeras convocatorias. Para la próxima, el grupo de 25 ya está cerrado, a la espera de que en octubre comiencen las clases. Será la tercera promoción de Ourense, mientras la experiencia se extiende hacia la universalización.

La preparación fue concienzuda. Por la mañana, clases con la monitora. Por la tarde, refuerzo con el personal del centro y con los dos reclusos que ejercen como ayudantes, tras haber superado un primer curso de sensibilización sobre seguridad vial. Fueron alrededor de 3.000 test los que hicieron, hasta casi saberse de memoria las preguntas y variables.

Aprobado el teórico, el práctico no iba a ser obstáculo. Y no lo ha sido. Aprovechando algún permiso, los beneficios del tercer grado, o la libertad provisional, el camino es fácil. La perspectiva de que ahora se habiliten permisos específicos para este fin es, como resalta el director de Pereiro, Juan Carlos Salvador, el fruto del éxito de una iniciativa que ha contado con el apoyo del RACE y la DGT.

La experiencia ha sido tan positiva como los cursos de sensibilización en seguridad vial. Van por el quinto.

El ambiente es aquí muy distinto al de una asociación de vecinos, tanto por el perfil de los participantes, el entorno y el tono de las intervenciones. Los docentes son dos internos. Compañeros. Gozan del respeto de los demás. Luis García, el educador que tiene bajo su responsabilidad esta iniciativa, deja claro que la presencia del funcionario es necesaria en las primeras sesiones. «Se trata, simplemente, de evaluar el grado de interés que muestran los internos». Comprobar, en fin, si alguien se apuntó para pasar el rato, si acaso incordiar, para recordarle que aquella es una actividad voluntaria y que, si no le interesa, mejor que no vaya. Lo entienden. La trabajadora social, Eva Vázquez, subraya el «grandísimo interés» de los participantes.

Todos saben, además, de qué se habla. Que si el ESP, que si el ABS. Los conceptos que manejan los monitores en la charla son conocidos.

No faltan los matices, de todas maneras. ¿Por qué la moto puede adelantar por la derecha?, pregunta uno de los asistentes al monitor. No, no puede. Y se lo explican. ¿Y pueden ir dos personas en un ciclomotor? Depende. Es momento para la charla animada, y, al final, queda claro para todos ellos. El docente, interno, universitario, que cumple condena por asuntos ajenos al tráfico, sabe de qué habla. El ayudante se vio implicado de pequeño en un accidente. También sabe de qué va la historia. Ambos son creíbles. Y sus alumnos lo perciben y valoran así.