18 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.
La consulta en su despacho se ve interrumpida de forma constante por el timbrazo telefónico: dudas más o menos breves, que resuelve con paciencia: «Vale, rey, sigue tomándolo esta semana»; «solo eso, reina, baja a una cada doce horas y pásate en unos días por aquí». Y así sucesivamente. Un amago de breve entrevista robada deja paso a una nueva acumulación de pacientes, que ya superan la decena en la sala de espera. Cerca de las dos de la tarde llama Marcos: ha sufrido un accidente de tráfico leve y necesita tramitar la baja laboral. «Debe ser una contusión cervical. Aún estaré aquí hasta las tres y media», lo tranquiliza Aquilino.