Una mujer se llevó a punta de pistola entre 300 y 400 euros de una librería después de negociar el botín con la dependienta
18 oct 2009 . Actualizado a las 02:05 h.Dice el refrán que «o que non chora non mama» y las quejas de una dependienta consiguieron ablandar ayer a una atracadora que, tras un regateo previo, se llevó de la librería La Marina, de Lalín, entre 300 y 400 euros en billetes.
Sonia Fernández García trabaja en este establecimiento, ubicado en una de las plazas más céntricas de la capital dezana. A las 12.30 horas de ayer, una mujer entró, cogió un periódico del expositor, fue hasta el final de la tienda, volvió a la caja y le dio a Sonia un billete de diez euros para que le cobrara. Cuando esta le fue a dar la vuelta, la mujer abrió el bolso, sacó una pistola de gran tamaño y le soltó: «Dame todo». La chica, asustada, contestó que no podía porque la iban a despedir.
Y ahí empezó el regateo. La atracadora le contestó: «Tampoco quiero que te echen, pero dame algo». La negociación duró unos cinco minutos, que a Sonia le parecieron eternos. En ese tiempo, la mujer, que vestía de negro, llevaba gafas oscuras y un velo a la usanza árabe, llegó a decirle que ella también tenía hijos y no tenía trabajo, y que no quería que la echaran. En el transcurso de la conversación la atracadora llegó a dejar la pistola -que no se sabe si era de verdad o de pega- despreocupadamente sobre el mostrador. La ladrona, de unos 40 años y con un lunar en la cara, hablaba castellano con algo de acento y se cree que el traje era tan solo un disfraz.
Detrás del mostrador se puede ver el monitor que recoge las imágenes de las cámaras de grabación de la tienda. Cuando la Policía Local las revisó apreció que la atracadora en todo el tiempo que estuvo en la librería ni siquiera miró una vez hacia atrás, donde está la puerta, por si entraba algún cliente. Tras el regateo y diez minutos largos en la tienda, se fue con entre 300 y 400 euros en billetes, algo más de la mitad de lo que había en la caja, según el propietario, Pedro Taboada Vilariño. Este, un retornado de Venezuela, bregado en este tipo de sucesos, explicaba ayer que era la primera vez que les robaban y que por lo único que puso las cámaras fue para pillar a los chavales que se llevaban, al descuido y con frecuencia, las revistas porno.