PSOE y Bloque ven imposible restablecer el consenso lingüístico y reivindican la figura de Fraga como un elemento de confrontación con el Ejecutivo del PP
24 may 2009 . Actualizado a las 02:05 h.Alguien escribió que el gallego «non pode ser utilizado como instrumento político nin como arma partidaria» porque constituye «o cerne central da nosa identidade, o alento e a alma do pobo galego». Ese alguien no fue Castelao, ni siquiera Ramón Piñeiro. La autoría es de Manuel Fraga Iribarne y paradójicamente los que reivindican ahora sus palabras son el BNG y el PSOE, con el ánimo de convertir la imagen simbólica del ex presidente y el plan de normalización que alentó en el ocaso de su mandato en un arma arrojadiza contra Feijoo.
El debate sobre la lengua regresó de forma pasional al primer plano político con la determinación del nuevo Gobierno autónomo de borrar el rastro dejado por el bipartito en la normalización lingüística, pero también con el rápido rearme de los grupos de la oposición en la calle, el Parlamento y el ámbito sindical para ir a la confrontación con la Xunta. Todo ello hace poco menos que imposible que Feijoo pueda cumplir a medio plazo su deseo de restablecer la paz social sobre el gallego, compromiso que adquirió durante su investidura como presidente.
El jefe del Ejecutivo, al igual que hizo su conselleiro de Educación, Jesús Vázquez, apela a la mayoría de escaños obtenida el pasado 1 de marzo (en número de votos ganaron los socios del bipartito) para poner en marcha un nuevo modelo lingüístico que garantice la libertad de elección que propugna el PP. «A lingua non é de ninguén -proclamó Feijoo hace unos días- e si acaso é propiedade da maioría, non da minoría».
Con esta invocación a la legitimidad de su Gobierno se dispone a derogar el decreto que fija la mitad de las asignaturas en gallego o la prueba en este idioma a los opositores. Todo ello obliga a los populares a meter en el congelador el plan de normalización del 2004, que amparaba dichas medidas, pese a que el texto constituía el pacto más amplio logrado sobre la lengua en Galicia, en tanto que unió en una misma dirección al Gabinete de Fraga, a los académicos de la RAG y a las fuerzas políticas implicadas en aquella negociación a través de Rodríguez Seijas (PP), Antón Louro (PSdeG) y Pilar García Negro (BNG).
El desmarque del plan es lo que llevó al Bloque a reivindicar las palabras de Fraga en mociones introducidas en varios concellos y lo que anima al nacionalismo a calentar el ambiente, blandiendo incluso la amenaza de una huelga general para paralizar el sistema educativo.
También la dirección del grupo del PSdeG apostó por endurecer su posición, ante la inhibición de su portavoz de lengua, Francisco Cerviño. El tridente formado por Fernández Leiceaga, José Manuel Lage y Guillermo Meijón registró una decena de iniciativas en las que arremeten contra Feijoo por «atacar as políticas de Fraga», al tiempo que dejan claro que convertirán en objetivo político al secretario xeral de Normalización Lingüística, Anxo Lorenzo, el único alto cargo que el presidente de la Xunta fichó en el entorno socialista, pero que el PSOE lo acusa de ser «cómplice da laminación» del gallego.
El debate, por tanto, está subido de tono y todo indica que las polémicas sobre el gallego van a tener un protagonismo especial en la pugna por el control de las ciudades, similar al que ya tuvieron en el pulso por la Xunta.