El fiscal asume que faltan pruebas para acusar al violador del chándal

GALICIA

26 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Media huella de su dedo en la manilla de un portal cercano al lugar donde se cometió una violación y el gran tamaño de sus manos son las bazas más sólidas con las que cuenta la Fiscalía para convencer al juez de que Andrés Mayo Fernández cometió nueve violaciones en A Coruña entre diciembre del 2006 y agosto del 2007. Ante esto, el ministerio público ha solicitado a la Audiencia Provincial que no cierre el sumario porque necesita nuevas pruebas para poder formular el escrito de acusación.

Fuentes judiciales reconocen que no hay una sola prueba fehaciente que incrimine a este hombre, que a finales de los años ochenta se hizo tristemente célebre en Asturias y León como el violador del chándal. A día de hoy, el fiscal tiene las manos atadas ante la falta de indicios de peso que puedan sostener un escrito de acusación. Le llegó un sumario cogido con pinzas en el que solo existen dos circunstancias que perjudican, levemente, al sospechoso -las dimensiones de sus manos y la huella-. Nada más. No hay un solo resto de ADN que lo incrimine y, más importante, ninguna de las nueve mujeres que fueron violadas en A Coruña entre diciembre del 2006 y agosto del 2007 lo apuntó a él en las distintas ruedas de reconocimiento a las que fue sometido.

No obstante, Andrés Mayo permanece en prisión a espera de juicio desde el 11 de agosto del 2007, dos días después de que la policía lo detuviese al salir de su casa en el barrio coruñés de Novo Mesoiro, donde vivía con su esposa y sus dos hijos. Los investigadores llegaron a él tras varios meses de una gran alarma social en la ciudad debido al elevado número de violaciones -a estas nueve se sumaron otras cuatro atribuidas a otro hombre, al que se le llamó violador de Eirís y que ya fue condenado a 20 años de prisión por cuatro agresiones.

Alarma social

En ese enrarecido ambiente Andrés Mayo, que ahora tiene 40 años, fue puesto a disposición judicial tras su arresto. Negó los hechos. Pero el relato de las víctimas (todas coincidían en que el agresor tenía las manos grandes), la huella en un portal y algunos otros indicios, como el hecho de que el horario de su trabajo no le impedía haber cometido los delitos o que su acento no se correspondía con el de un gallego motivó su ingreso en prisión.

La fase de instrucción se prolongó varios meses. Hasta que el asunto fue enviado a la Audiencia Provincial. Al fiscal encargado del caso le llegó el sumario, que ahora pide que se reabra, pues tanto la investigación como la instrucción tiene tantas lagunas que se ve obligado a solicitar que se practiquen nuevas diligencias para poder realizar el escrito de acusación con el que sentar en el banquillo de los acusados a Andrés Mayo con alguna garantía de que pueda ser condenado. Pide, por ejemplo, que tres de las víctimas sean examinadas por otro psicólogo, «tal y como exige la Ley de Enjuiciamiento Criminal». También solicita una pericial lofoscópica de esa huella hallada en un portal cercano a la escena de una de las agresiones.

Otra de las peticiones es el análisis de varias prendas de ropa de algunas de las mujeres atacadas «por si hubiese cualquier clase de vestigio de los que pueda extraerse ADN» -uno de los principales errores que se cometieron en la instrucción fue el no cotejar el ADN del procesado con la ropa interior de alguna de las víctimas-. La acusación quiere además un informe pericial sobre la altura de la persona que aparece en las imágenes de dos cámaras de seguridad ubicadas en lugares cercanos a sendas escenas del delito.

Complot

A todo ello se opone la defensa de Andrés Mayo, que entiende que el sumario está concluido y que las nuevas diligencias que ahora pide el fiscal no se ajustan a la ley, que impide realizar una segunda instrucción. Por eso se solicita que se continúe el procedimiento y se pase a la fase de calificación provisional de las partes. La fecha del juicio dependerá de lo que decida la Sección Segunda de la Audiencia Provincial. Sea cuando sea, Mayo será juzgado por nueve delitos de agresión sexual: cinco en grado de tentativa y cuatro consumados. Hasta el momento siempre negó los hechos. Y aseguró ser víctima de un complot policial. Llegó a decir que su huella, «con total seguridad», la puso allí la policía.