Un cúmulo de retrasos y unas cuentas triplicadas


La Ciudad de la Cultura iba a costar 108 millones de euros y después de tres años de obras estaría lista para ser inaugurada. Pero la realidad ha sido muy distinta. La construcción comenzó en febrero del 2001, con un plazo de 36 meses, pero a día de hoy, casi siete años más tarde, apenas se ha llegado al 55% de ejecución. De esta forma se incumplió una de las dos premisas básicas del expediente de contratación, que especificaba que la entrega debía efectuarse antes del 18 de julio del 2003.

La otra condición también se ha vulnerado. El establecimiento de un límite máximo de 132,8 millones de euros para las obras hace tiempo que se ha visto no solo superado, sino incluso triplicado. Además de las demoras, las obras en la ladera del monte Gaiás, a las afueras de Santiago, provocaron una espiral alcista del presupuesto, hasta el punto que la Xunta ha cifrado ahora en 475,9 millones el dinero necesario para que las instalaciones puedan estar funcionando, una cantidad que además se ha comprometido a no superar, a la vista de los anteriores incumplimientos del presupuesto. Para el 2009 se han consignado 61,81 millones. A todo ello hay que sumar partidas no justificadas detectadas por el Tribunal de Cuentas, y numerosos problemas en el desarrollo de las obras, como los del suministro de materiales.

La Ciudad de la Cultura nació en un Consello de la Xunta, el 29 de julio de 1999, con Manuel Fraga de presidente y siendo conselleiro de Cultura Jesús Pérez Varela. En el 2005, el nuevo ejecutivo autónomo, el bipartito formado por PSOE y BNG, no solo heredó el esqueleto de una obra faraónica y una galopante desviación presupuestaria, sino que hubo de enfrentarse a las serias dudas sobre la viabilidad del proyecto, alimentadas sobre su capacidad de mantenerse económicamente y la indefinición de los contenidos. Las dudas no han sido despejadas del todo.

Todavía hay inmuebles del complejo cultural de los que solo se han avanzado ideas para dotarlos de una función clara y capaz de atraer 800.000 visitantes anuales, una expectativa que maneja la Xunta y que equivale a la afluencia de los grandes museos gallegos en su conjunto. También resulta preocupante el gasto del mantenimiento, que podía llegar a 10 millones anuales.

Para el 2009, año electoral, está previsto que se abran la biblioteca y el archivo nacionales, el Museo da Historia de Galicia y el denominado Servizos Centrais-Centro de Investigación do Patrimonio. Diez años después de aquel Consello donde empezó todo.

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Un cúmulo de retrasos y unas cuentas triplicadas