Van ya para cuatro los meses que lleva corriendo su particular San Fermín, a vueltas con ese miura al que dicen burocracia. Y, tras tanta carrera sin premio, ahora ha decidido despojarse del pañuelo rojo, tomar la montera, a la arena bajar y darse a la lidia. Miembro del cuerpo de personal laboral de la Xunta desde 1991, I.?L.?O. formulará hoy ante el juez de lo Social una demanda contra la Vicepresidencia da Igualdade e do Benestar por no autorizarlo a disfrutar de una medida de conciliación de las vidas familiar y profesional prevista en el ordenamiento jurídico vigente.
Este auxiliar técnico informático trabaja para el departamento que dirige Anxo Quintana (BNG) en su delegación provincial de A Coruña. Padre de tres hijas, de entre 13 meses y cinco años y medio de edad, pretende que lo habiliten para retrasar una hora tanto el inicio como el final de su jornada, de modo que esta quede establecida de nueve de la mañana a cuatro de la tarde. ¿El objetivo? Poder dejar a sus hijas en la guardería y el colegio antes de fichar cada día.
Con fecha del 25 de marzo, I.?L.?O. formalizó esta petición ante su jefa a través de un escrito en el que apelaba al artículo 44 de la Lei 7/2004, el cual consagra el derecho de los asalariados de la Administración a acogerse a una flexibilización horaria que les permita, entre otras cuestiones, atender a menores dependientes bajo su custodia. Ante el silencio que obtuvo por respuesta, el hombre repitió procedimiento cuatro semanas después, alertando de que, en caso de no recibir respuesta, a partir del 7 de mayo dejaría de prestar servicio de 8.00 a 15.00, para hacerlo cuando él había exigido.
A punto de expirar el ultimátum, la delegada de Vicepresidencia, Tereixa Novo, le aseguró, vía fax, que su expediente «se atopa a día de hoxe pendente de ser resolto polos nosos servizos centrais». La alto cargo, sin embargo, no dejó de advertirle: «A ausencia non xustificada do seu posto dará lugar a responsabilidade disciplinaria». El aludido, transcurrido un tiempo «prudencial», retomó las gestiones por este asunto el 12 de junio, como consta en el registro de la oficina. Ya hastiado, esta mañana cambiará de tercio para introducirse en la suerte judicial.
«Me parece lamentable y alucinante -declaró ayer- tener que recurrir a los tribunales para lograr algo que me corresponde por ley. Nos están vendiendo siempre la moto de las normas que aprueban para conciliar y luego resulta que ni ellos mismos las cumplen». Mientras batalla, para acompañar a sus niñas al jardín de infancia y a un campamento estival ahora echa mano de unas horas sindicales «que me obligan a usar mal».