La necesidad de una parte importante de la población de O Morrazo de desplazarse diariamente a Vigo vino con la creación de los astilleros y la instalación de Citroën. Varios miles de trabajadores de la comarca de O Morrazo utilizaban cada día el servicio de transporte marítimo.
José Alvariño empezó a trabajar en los barcos en 1944, primero como fogonero, en las calderas de carbón, y más tarde como mecánico, en los barcos de vapor a gasoil. «Antes, en aquel entonces, todo se hacía por mar», recuerda.
Había ya barcos cada media hora e, incluso, cada cuarto de hora. Alvariño recuerda las excursiones nocturnas para turistas e ilustres pasajeros, como el padre de Julio Iglesias, o un viaje especial para ministros del primer Gobierno socialista entre A Pobra y O Grove. Recuerda los piques entre patrones de los barcos de distintas empresas o cómo colaboró en la modernización del vapor Alegría, colocándole un nuevo motor más potente de un pesquero. «O servizo estaba bastante ben», dice este antiguo maquinista de 82 años, que no estuvo presente en el espectacular secuestro del Catamarán por los trabajadores de Ascón.
Al igual que él, José Román, que fue marinero hasta 1997, dice que cuando se inauguró el puente de Rande, hace 28 años, notó un «baixón» de pasajeros. «Se veñen máis compañías, non hai xente para sostelas», afirma.