La única niña nacida durante el 2006 en Chandrexa de Queixa, el municipio con peor saldo demográfico de Galicia, se ha trasladado ya a un barrio del entorno de Ourense
14 ene 2008 . Actualizado a las 03:18 h.A Xiana le ha pasado un poco como a Heidi. De las verdes montañas junto al lago y el abuelo se la llevaron a la ciudad. Y todavía está aterrizando. Xiana fue el único bebé que nació durante el 2006 en Chandrexa de Queixa, hoy en día el municipio con peor saldo vegetativo de Galicia y un exponente de las consecuencias del éxodo rural. La singularidad de la niña (y un talento natural para posar frente a la cámara), la hizo merecedora de la primera página de este periódico hace un año. Hoy, aquel reportaje ya no sería posible, porque Xiana y su familia ya se han mudado a la ciudad.
Ana, la joven madre de la niña que acaba de cumplir 20 meses, ya tenía enfilada la mudanza hace un año. «O consigo un trabajo o me voy a Ourense», decía. Pero no resulta fácil encontrar empleo en Chandrexa, aunque a Ana no se le podrá negar la tenacidad. Hasta se dejó seducir por la política y participó como suplente en la lista que encabezaba el alcalde de su pueblo: «Me dijo que me conseguiría un empleo. Pero no era verdad». No del todo, al menos, ya que uno eventual que le ofreció le resultaba imposible de coger porque en el pueblo no hay guardería.
Chandrexa-A Valenzá
Así que la familia, instalada en una casa propia y nueva en Chandrexa, empezó a buscar piso en Ourense: «No encontrábamos nada que nos convenciera -explica Ana- y estábamos a punto de abandonar cuando en la última inmobiliaria nos ofrecieron este piso». La vivienda está en medio de una larga calle que atraviesa el novísimo barrio de A Valenzá, en Barbadás, el ayuntamiento que se está aprovechando de la saturación urbanística de Ourense. Es nuevo y muy amplio (más de cien metros), pero exige un alquiler de 400 euros mensuales: «Es mucho si piensas que tienes una casa abierta que a su vez también consume», reflexiona Toni, el padre de Xiana.
De momento, los tres siguen censados en Chandrexa, pero antes de un año, en cuanto la niña sea matriculada en un colegio público, deberán hacerlo en Barbadás, certificando la tragedia demográfica que supone para aquel ayuntamiento de montaña la huida de tres vecinos más que, juntos, ni siquiera suman 60 años.
¿Y Xiana qué opina de todo esto? «El primer día que fuimos al parque, la niña alucinaba, porque nunca había visto ninguno», cuenta su madre. «Y el día que escuchó la ambulancia, había que verla cómo se asustó». Xiana intenta adaptarse al mundo urbano. Desde hace menos de una semana acude a la guardería, donde enseguida advirtieron que no estaba acostumbrada a convivir con otros niños de su edad.
Ojos encharcados
La niña recorre feliz el trayecto hasta que llegamos a la puerta de la guardería. Entonces se le encharcan esos ojos que tiene, se atrinchera en el colo de su madre y se echa a llorar. Dos horas más tarde, cuando sale, la cosa ha cambiado radicalmente: se nota que se lo ha pasado en grande e intenta que mamá entre con ella a disfrutar de ese nuevo mundo que está descubriendo estos días. Al fin y al cabo hay más pequeños en un aula de esa guardería ourensana que alumnos en toda la etapa de primaria en el colegio de Chandrexa.
Eso sí; como Heidi, lo que Xiana extraña en la ciudad es a su abuelo: «Está todo el día llamando por él».