«Tuve que ser yo quien le dijese que me cogiesen la cartera del bolsillo para poder identificarme»

N.D.A.

GALICIA

Miguel Ángel Gómez aparece con un collarín y varias contusiones como consecuencia de la supuesta detención. Eso es lo que se ve. Pero la conversación deja mucho dolor e impotencia en sus palabras.

-¿Cómo se encuentra después de lo sucedido?

-Apenas puedo dormir y he tenido que tomarme medicamentos para la ansiedad. Aún estamos muy nerviosos.

-¿Qué se le pasó por la cabeza cuando escuchó los disparos?

-Ves como pasa tu vida por delante. Cuando me llevaron por aquellas pistas pensé que me iban a pegar un tiro.

-¿Sabía que eran policías?

-No, no se identificaron y sólo me enseñaron la placa en la cafetería, pero muy rápido. Después fue peor porque me preguntaron si sabía llegar a la comisaría. Ahí si que pensé que era el final.

-¿En algún momento le pidieron que se identificase?

-No. Tuve que ser yo quien en el coche le dijese que por favor me cogiesen la cartera del bolsillo para ver mi nombre.

-Y cuándo llegaron a la comisaría de Pontevedra...

-Creo que era más de la una de la mañana y sin darme ninguna explicación, me dijeron que me fuese. Sólo me pidieron el nombre y el teléfono.

-¿Cómo reaccionaron al día siguiente cuando llegó a declarar?

-Uno de los que estuvo la noche anterior se quedó blanco al ver el disparo del coche, pero me tuvieron toda la mañana esperando.

-¿Cuántos hombres había esa noche?

-Estaba muy nervioso pero había ocho hombre en cuatro o cinco coches.

-Pero usted llevó su vehículo hasta Pontevedra...

-En un momento de la noche me dijeron que llevásemos mi coche. Yo iba detrás esposado y ellos delante. Pudieron haberme hecho cualquier cosa.

-¿Espera una respuesta en forma de disculpa?

-Sería lo menos que podían hacer después de lo sucedido. Te crea una situación de impotencia.

-¿Le llegaron a explicar porque estaba sucediendo todo?

-No. Solo me decían que me callase, pero ahora me enteré que se podían haber confundido mi coche con el de un narcotraficante. Pero de su boca no salió nada. Ni siquiera una disculpa.