«¿Qué pinta tiene un narco?»

Alberto Magro VIGO

GALICIA

El golpe contra la droga sorprendió a los vecinos de la zona de Martínez Garrido, más acostumbrados a aguantar a los toxicómanos del barrio que a convivir con grandes traficantes

16 jul 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

En O Calvario vigués saben bastante de droga, pero muy poco de grandes narcotraficantes. Saben de toxicómanos. Y de pequeños trapicheros. Incluso de cacheos, redadas y operaciones antidroga a pequeña escala. Pero nada de narcos. Lo contaba ayer sonriente un vecino de la zona de Martínez Garrido, mientras tomaba una caña en la barra de la tapería Os Troncos, un local de esmerada decoración y buenas carnes asadas, en el que ayer se sorprendían de que en la acera de enfrente un grupo de colombianos y españoles se dedicasen a distribuir cocaína a toda España. «Yo lo vi esta mañana en La Voz, la verdad, porque vivo al lado pero no me había enterado de nada. Nos hemos quedado en casa un poco alucinados, porque por aquí lo que siempre hubo y aún hay son yonquis, no gente de esa», comentaba acodado en la barra uno de los clientes, mientras su compañero de caña se enteraba de los detalles de la operación con un ojo puesto en la televisión y la moto de Dani Pedrosa. «Es ya lo que nos faltaba por aquí, que después de años de yonquis se vengan también los narcos estos», remataba tras documentarse. «Somos gente tranquila» Igual de sorprendidos estaban los clientes de la panadería Sotelino, un pequeño negocio ubicado cinco plantas por debajo del piso de la droga. «Me deja usted de piedra. No tenía ni idea. Ya ve usted que por aquí somos gente tranquila, si quitamos a algunos que andan por ahí atrás con las drogas, que cada vez hay menos», explica, cargada con tres barras de pan, Avelina, una señora que ha visto evolucionar el barrio hasta lo que ahora es: un lugar de apariencia tranquila, en el que se ven más carritos de bebé que ancianos con bastón. Y el número 7 de Martínez Garrido no escapa de ese patrón. A la puerta del edificio del alijo descansa un jardincito bien cuidado, con hierba bien cortada y flores recién regadas. Por encima nueve plantas de persianas bajadas y muy poco trajín. Es domingo y brilla tímidamente el sol, así que no está el día para quedarse en casa. Al final aparece un vecino, que confiesa que no se enteró de nada. «Sólo sé lo que he leído en vuestro periódico. La verdad es que no sé ni qué gente es la que había en el piso. Yo creo que no me crucé nunca con ellos. Y si lo hago no me entero, porque, ¿qué pinta tiene un narco?», comenta entre risas, poco preocupado por los hechos. «Si ya estuvo por aquí la policía estamos ahora más seguros que antes», sentencia. Tras él aparece otra vecina, que sólo oyó «ruidos raros» y bastante trajín. «Estuvieron dos días para arriba y para abajo, en el garaje y en el trastero. Y la policía es la leche: lo dejaron todo tirado en el trastero, sin precintar ni nada», cuenta, antes de apelar al tópico para definir a los detenidos como «gente de apariencia normal». Al fin y al cabo, no está nada claro qué pinta tiene un narco.