Su extracción y cultivo no tienen en cuenta sus específicas peculiaridades Los expertos creen que la comunidad puede convertirse en una potencia en este campo
24 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.En Francia y en Irlanda, al igual que en Galicia, son de sobra conocidas las propiedades medicinales y cosméticas de las algas marinas. Pero si franceses e irlandeses hace tiempo que dan a sus sargazos un uso digno del apelativo biomédico y farmacéutico, en Galicia, donde también se aplica esa misma base científica a la elaboración de pomadas, ungüentos y bebedizos, ese empleo no es capaz de trascender el ámbito de los remedios caseros. El caso de las algas para consumo humano no es muy diferente. En Francia, una sola empresaria, sin gran despliegue de medios y tecnología y ni necesidad de una abultada financiación, aunque sí «con tesón y creencia en lo que hacía», ha conseguido poner al alcance de las mesas de toda Francia las algas que ella -y sus empleados- recolecta e incluso cultiva. En Galicia, también hay pequeñas empresas que se han hecho a sí mismas, pero, con ese mismo esfuerzo, aún no han sido capaces de trascender del mercado estrictamente local y, ni mucho menos, de dar el salto a la exportación. Gabriel Labra, coordinador del Programa Aquareg -en el que participan Noruega, Irlanda y Galicia a través del Centro Tecnolóxico do Mar (Cetmar)-, no tiene duda de que las algas marinas gallegas están infraexplotadas. A su juicio -que coincide con el de otros muchos expertos-, la comunidad tiene un enorme potencial en este sentido. ¿Qué ocurre? Que no está lista la pista para el despegue. Y es que, también a diferencia de Francia, Galicia tiene delante muchas más pegas y obstáculos para la extracción. Momento adecuado Según Labra, el hecho de que las algas marinas se incluyan en un plan general de explotación marisquera -metidas por tanto en el mismo saco que otros recursos naturales y sin tener en cuenta sus peculiaridades-, está lastrando las posibilidades gallegas. «Para extraer las algas es preciso aprovechar las mareas bajas más vivas, pero ese momento oportuno puede coincidir en fin de semana y, por tanto, la prohibición de faenar en sábado y domingo que rige para los bivalvos puede hacer que los recolectores se pierdan ese buen momento», explicó el coordinador de programa Aquareg. Labra cree que falta un interlocutor que sirva de puente entre el sector productor y la Administración para sentar las bases que permitan fraguar lo que debería resultar de la confluencia de unas condiciones naturales óptimas, un producto de probada calidad, y de un sector empresarial dinámico y emprendedor.