Los socios del bipartito pactaron en secreto restringir las inauguraciones en campaña Las consellerías de Innovación y Sanidade aplazan a después del 27-M la firma de convenios
15 may 2007 . Actualizado a las 07:00 h.Cuando faltaban unas cuantas horas para el arranque de la campaña del 27-M, el pasado jueves, los socios del bipartito se conjuraron contra un posible uso electoralista de la maquinaria de la Administración con un pacto sellado en la última reunión del Consello de la Xunta, en el que tanto el PSOE como el BNG se comprometían a restringir las campañas institucionales y las inauguraciones. La aplicación del acuerdo, no obstante, desató recelos desde el principio, pues tanto los nacionalistas como los socialsitas no dejaron de bordearlo cayendo incluso en la tentación de destapar algunas placas conmemorativas. El nuevo código ético que imperará en los períodos electorales fue dado a conocer ayer por la Xunta, cinco días después de ser aprobado sin publicidad, y marca de facto un cambio de estilo radical con lo que venía ocurriendo hasta el momento, cuando el Gobierno autonómico desataba un verdadero torbellino de inauguraciones y actos similares coincidiendo con cada una de las citas con las urnas. El anterior presidente de la Xunta, Manuel Fraga, llegó a desplegar en campaña la política de la cinta y la tijera casi con más profusión que el mitin, con sesiones maratonianas en las que inauguraba una docena de obras en apenas hora y media, como ocurrió en mayo de 1999 en un periplo por la Terra de Lemos que lo acercó a siete empresas, cuatro casas rurales, una iglesia y una herrería. Principales directrices El acuerdo bipartito pretende hacer borrón y cuenta nueva con todo esto. Este documento escrito estipula que la «directriz xeral» a seguir en períodos electorales consiste en que únicamente promoverán campañas publicitarias institucionales, inauguraciones de obras o de dependencias públicas cuando sea «imprescindible» para salvaguardar el interés público De igual modo, estipula que no se podrán mencionar los logros obtenidos por las autoridades públicas en la organización de un acto institucional en plena campaña, como tampoco se podrían realizar contrataciones públicas o concentrar las licitaciones ante la inemediatez de unos comicios. Y en cuanto a la publicidad, el PSOE y el Bloque se comprometen a que ésta se ciña a incentivar el voto y a primar el principio de imparcialidad de la Adminsitración autonómica. Pero el acuerdo que se autoimpusieron los socios del bipartito abre algunas lagunas que dificultan su aplicación en el día a día, provocando recelos entre el socialistas y nacionalistas. De hecho, se trata tan sólo de un pacto de aplicación a la actividad de la Xunta, en la que nada se dice de los candidatos a las alcaldías, de las diputaciones o de otros organismos paralelos que, a su manera, también participan en el juego del 27-M. Inauguración de Touriño Es el caso, por ejemplo, de la inauguración protagonizada ayer por el jefe del Ejecutivo, Emilio Pérez Touriño, que pondría el acuerdo al límite. El también secretario general del PSdeG-PSOE descubrió una placa conmemorativa en una fábrica de la firma Vertifil Industrial, construida con fondos del Igape en el municipio pontevedrés de Moraña, que llevaba trece meses en activo. Las apariciones de otros cargos públicos de la Xunta junto a los candidatos locales también contribuyen a levantar suspicacias sobre el cumplimiento del acuerdo, lo mismo que ocurre con la anunciada presencia de Tereixa Novo, delegada provincial de Vicepresidencia en A Coruña, que hoy tiene previsto asistir en Santiago a un acto promovido por el Concello para inaugurar una biblioteca. Lo opuesto es lo ocurrido con un convenio que tenía previsto suscribir la Consellería de Innovación con Gas Galicia o el que Sanidade firmaría con Defensa para el uso del Hospital Naval de Ferrol. Ambos quedaron aplazados para después de las elecciones.